Todos deseamos llegar a viejos, y todos negamos
que hayamos llegado. Esto lo decía Quevedo antes de
conocer a la perrita Blackie, que se sentía vieja
(y muy feliz de serlo) desde que tenía 3 años.
Índice
Cubierta
Calypso
Créditos Título original: Calypso Diseño de colección: Setanta www.setanta.es © diseño de cubierta por cortesía de Peter Mendelsund|Hachette Book Group, Inc. © de la fotografía del autor: Ingrid Christie © del texto: David Sedaris, 2018 © de la traducción: Jorge de Cascante, 2019 © de la edición: Blackie Books S.L.U. Calle Església, 4-10 08024 Barcelona www.blackiebooks.org info@blackiebooks.org Maquetación: Newcomlab Primera edición: noviembre de 2021 ISBN: 978-84-18733-60-4 Todos los derechos están reservados. Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, la fotocopia o la grabación sin el permiso expreso de los titulares del copyright.
Mis queridos invitados
Ahora somos cinco
El Pequeñín
Salir a dar una vuelta
Una casa partida en dos
Como anillo al dedo
Leviatán
Hablas inglés tan bien
Calypso
Una humilde proposición
La Ley del Silencio
Indomable
Lo que pudo ser, pero no fue
Sorry!
Buuu
Toda una serie de asuntos que me han ido deprimiendo en los últimos tiempos
¿Por qué no te ríes?
Ponte en pie
Mundo Espiritual
Ya que estás ahí arriba, échale un vistazo a mi próstata
El Informe Comey
Notas
DAVID SEDARIS (Nueva York, 1956). Escritor y humorista de loca y muy precisa atención al detalle. Creció junto a su madre, su padre y sus cinco hermanos en la zona suburbana de Raleigh (Carolina del Norte) y ha escrito ensayos autobiográficos contando su vida con ellas y sus posteriores andanzas en Chicago, Londres, Normandía y otros lugares. Ha publicado diez antologías reuniendo sus numerosos textos y un volumen con una selección de páginas de sus diarios de entre 1977 y 2002. Calypso , este libro que tienes ahora entre las manos, es su obra más reciente. En su juventud pasó unas Navidades trabajando disfrazado de elfo de Papá Noel en los grandes almacenes Macy’s de Nueva York y aquello todavía no se le va de la cabeza. En la actualidad vive en el condado de West Sussex (Inglaterra) junto al pintor Hugh Hamrick —su pareja desde hace casi treinta años—, un erizo llamado Galveston y dos ranas: Lane y Courtney. Hace frío, pero están todos bien.
Título original: Calypso
Diseño de colección: Setanta
www.setanta.es
© diseño de cubierta por cortesía de Peter Mendelsund|Hachette Book Group, Inc.
© de la fotografía del autor: Ingrid Christie
© del texto: David Sedaris, 2018
© de la traducción: Jorge de Cascante, 2019
© de la edición: Blackie Books S.L.U.
Calle Església, 4-10
08024 Barcelona
www.blackiebooks.org
info@blackiebooks.org
Maquetación: Newcomlab
Primera edición: noviembre de 2021
ISBN: 978-84-18733-60-4
Todos los derechos están reservados.
Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, la fotocopia o la grabación sin el permiso expreso de los titulares del copyright.
Para Joan Lacey.
Por mucho que exista una industria entera que se mantiene gracias a afirmar lo contrario, lamento deciros que hay muy pocas alegrías asociadas a la mediana edad. La única ventaja que le veo es que, con algo de suerte, puedes llegar a tener una habitación para invitados. Algunas personas la consiguen cuando sus hijos abandonan el nido, y otros señores más o menos maduros, como yo, la consiguen al comprar una casa más grande. «Seguidme», les digo siempre a quienes vienen a casa de visita. La habitación a la que los llevo no acaba de ser acondicionada y limpiada a fondo para poder alojarlos. No hace las veces de oficina ni de trastero: no. Solo tiene una función. Al amueblarla elegí una cama en vez de un sofá-cama, y en una de las paredes, como si viviéramos en un hotel, coloqué un estante para dejar el equipaje. Aunque la característica estrella de la habitación es que tiene su propio baño.
«Si prefieres ducha en vez de bañera puedes quedarte en el piso de arriba, en la otra habitación para invitados —digo—. Allí también hay un estante para que dejes las maletas.» Oigo estas palabras salir de mi boquita de marioneta y siento escalofríos de pura satisfacción. La satisfacción de la mediana edad. Mi pelo está gris del todo y empieza a clarear, sí, muy bien, vale. Tengo el pene tan dado de sí que siempre que me lo guardo después de mear sigo meando un poquito más dentro de mis calzoncillos. Correcto. Pero tengo dos habitaciones de invitados.
Si vives en Europa, la consecuencia directa de tener habitación de invitados es que atraes a los invitados. A mogollón de invitados, de hecho. La gente se gasta un dineral en billetes de avión para volar desde Estados Unidos. Cuando llegan a Europa están arruinados y hechos fosfatina. Dormirían en nuestro coche si les planteáramos la opción. En Normandía, donde solíamos tener una casa de campo, los invitados se quedaban en la buhardilla, que además era el estudio de Hugh y apestaba a óleo y a ratones en descomposición. Tenía un techo como de catedral de pueblo y la calefacción no llegaba hasta allí, lo cual quiere decir que siempre hacía o un frío helador, o un calor que te mueres. Aquella casa tenía un único baño, incrustado entre la cocina y nuestro dormitorio. Los invitados perdían toda la privacidad que suele requerir cualquier persona que visita el váter, así que un par de veces al día arrastraba a Hugh hasta la entrada principal de la casa y gritaba muy fuerte, como si fuera lo más normal del mundo: «¡Pues nada! ¡Salimos veinte minutos! ¿Alguien quiere algo de ahí enfrente, al otro lado de la carretera?».
Otro problema de vivir en Normandía: los invitados no tenían nada que hacer aparte de estar sentados en sillas. No había tiendas en nuestro pueblo y caminar hasta el siguiente pueblo más cercano era una idea muy poco apetecible. No quiero decir con esto que nuestros amigos no supieran disfrutar de la vida, pero desde luego tenían que ser un tipo de personas muy concreto, en plan amantes de la naturaleza y con una motivación a prueba de bombas. En West Sussex, donde vivimos ahora, recibir a la gente es un pelín más fácil. En un radio de unos quince kilómetros alrededor de nuestra casa, hay un pueblecito encantador con un castillo y otro igual de estupendo con treinta y siete tiendas de antigüedades. Hay unas colinas de piedra caliza para hacer senderismo y caminos preparados para ir con la bici. La playa está a quince minutos en coche y el pub más cercano lo tienes a la vuelta de la esquina.
Los invitados suelen venir en tren desde Londres y justo antes de recogerlos en la estación me encargo de recordarle a Hugh que, durante su estancia, estamos obligados a interpretar los papeles de La Pareja Ideal.
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