Mary Balogh - Seducir a un Ángel

Здесь есть возможность читать онлайн «Mary Balogh - Seducir a un Ángel» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современные любовные романы, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Seducir a un Ángel: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Seducir a un Ángel»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Desterrada, en la indigencia, y tildada de asesina, Cassandra Belmont, lady Paget, llega a Londres en plena regencia, decidida a superar la reptación que la había precedido a fin de encontrar un rico caballero que pueda devolverla a la extravagante vida a la que estaba acostumbrada. Pone los ojos en Stephen Huxtable, conde de Merton, un hombre con posibilidades y de aspecto angelical, que no podría resistirse a ella.
Intrigado por el encanto de Cassandra, Stephen acepta convertirla en su amante. Pero a pesar de su aspecto y su encanto, Stephen no es ningún ángel, y Cassandra no tarda en darse cuenta de que hay que pagar un precio por intentar tentar a uno.

Seducir a un Ángel — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Seducir a un Ángel», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

A veces se preguntaba por qué no podía casarse con él y ser feliz a su lado el resto de su vida. Al fin y al cabo, Stephen le había confesado que la amaba. En una ocasión. Y siempre parecía feliz cuando estaban juntos.

Claro que, ¿cómo no iba a demostrar esa actitud siendo un caballero de palabra?

¿Cómo podía obligarlo a casarse con ella?

Cada vez que la asaltaban las dudas, se obligaba a enumerar las razones por las que no podía casarse con él. Lo había elegido de forma premeditada para seducirlo. Lo había embaucado para que se convirtiera en su protector. Había aceptado su dinero, aunque a esas alturas ya se lo había devuelto todo. No le había impedido que la besara en el balcón de lady Compton-Haig. Le había permitido anunciar su compromiso después de que los descubrieran. Y no había acabado con la farsa al día siguiente de dichos acontecimientos. Había… En fin, siempre se detenía al llegar a ese punto. ¿Para qué seguir? La lista ya era suficientemente larga.

Era evidente que no podía casarse con él.

A veces la lista seguía creciendo por más que intentara dejar de pensar en ella. Era tres años mayor que él y había estado casada con anterioridad. Su padre fue un jugador empedernido y su difunto esposo, un alcohólico. Una mujer así no era la esposa adecuada para el joven y carismático conde de Merton.

No obstante y aunque el último mes de la temporada social pareció transcurrir a paso de tortuga, en cierto modo también pasó volando. Porque una vez que llegara a su fin, Stephen volvería solo a Warren Hall para pasar el verano y ella se marcharía a un lugar todavía desconocido: su nuevo hogar.

Y no volverían a verse.

Nunca.

Era el mes de julio. La gente había comenzado a abandonar poco a poco Londres para volver a sus respectivas propiedades campestres o en busca del ambiente más fresco de la costa o de los balnearios. Las sesiones parlamentarias estaban a punto de concluir. La vida social comenzaba a aminorar su frenético ritmo un año más.

Y Cassandra había abandonado Londres. Solo por unos días, cierto. Había ido a Kent para asistir a la boda de la señorita Haytor con el señor Golding, pero Stephen comenzaba a sentirse un poco nervioso. O más bien seguía sintiéndose bastante nervioso, para ser más exactos. La había cortejado de forma insistente durante todo el mes, pero seguía sin saber si sentía algo más que cariño y amistad por él.

Porque ninguna de esas cosas le bastaban.

Comenzó a preguntarse, cuando ya era demasiado tarde, si no debería haberle dicho todos los días que la amaba. Claro que si lo hubiera hecho y no hubiera funcionado, posiblemente estaría preguntándose si no debería haberse mostrado más discreto con sus sentimientos.

Tal parecía que no había reglas para el cortejo. Y no había garantías de que ni siquiera los esfuerzos más denodados produjeran frutos.

Sin embargo, no podía seguir demorando el momento de sacar el tema a colación. Ya lo había dejado pasar demasiado tiempo, y era consciente de que lo había hecho por temor a la respuesta. Porque una vez que la pregunta obtuviera su respuesta, una vez que Cassandra le diera una contestación definitiva, no habría cabida ni siquiera para la esperanza.

Suponiendo, claro estaba, que su respuesta fuera un no.

¿Desde cuándo era tan pesimista?

Cassandra esperaba estar de regreso en Londres el martes posterior a la boda. Sin embargo, Stephen se encontró por casualidad con William Belmont el lunes y descubrió que acababa de llegar.

De modo que no perdió tiempo en ir a verla.

Su visita la tomó por sorpresa. Mary, acostumbrada a su presencia después de un mes y medio, se había vuelto descuidada en sus labores y no entró en la salita para preguntarle a Cassandra si quería recibirlo. Se limitó a saludarlo con una sonrisa mientras abrillantaba el llamador de bronce de la puerta, y después lo precedió al interior de la casa para llamar a la puerta de la salita y abrirla sin más a fin de invitarlo a pasar.

Cassandra estaba de pie frente a la chimenea, con una mano apoyada en la repisa y la otra tapándose la boca. Estaba llorando.

Lo miró con los ojos enrojecidos y expresión espantada antes de volver la cabeza con rapidez.

– ¡Vaya! -Exclamó con fingida alegría-. Me has tomado por sorpresa. Estoy hecha un desastre. Acabo de llegar a casa hace una hora y me he puesto ropa cómoda pero no muy elegante. -Mientras hablaba se dedicó a mullir el cojín de uno de los sillones cercanos a la chimenea, de espaldas a él.

– Cass -le dijo antes de cruzar la estancia a toda prisa para ponerle las manos en los hombros, gesto que la sobresaltó-, ¿qué te pasa?

– ¿A mí? -replicó ella con voz alegre al tiempo que se enderezaba y se zafaba de sus manos para cambiar de lugar el jarrón que descansaba en la mesa situada tras el sillón, aunque apenas lo movió un centímetro-. Nada. Tengo algo en el ojo.

– Sí -convino él-. Lágrimas. ¿Qué ha pasado? -La siguió para ofrecerle un pañuelo.

Cassandra lo aceptó y se enjugó las lágrimas antes de volverse, pero no lo miró. Estaba sonriendo.

– Nada -contestó-. Salvo que Alice se ha casado y va a ser feliz al lado del señor Golding, y que Mary y Belinda se irán con William y también serán felices. Me he dejado llevar por un arranque de autocompasión. Pero en parte son lágrimas de alegría. Porque me alegro muchísimo por ellas.

– Estoy seguro de que lo haces -replicó-. ¿Tú también vas a encontrar la felicidad, Cass? ¿Te vas a casar conmigo? Te quiero, ya lo sabes. Y sabes que no lo digo solo para que aceptes mejor la situación. Te quiero. No me imagino una vida sin ti. A veces creo que te has convertido en el aire que respiro. ¿Tú me quieres? ¿Hay alguna esperanza de que abandones la idea de romper nuestro compromiso y de que te cases conmigo? ¿Este verano? ¿En Warren Hall?

Ya estaba. Lo había soltado. Había contado con un mes para ensayar una declaración decente, pero el momento lo había pillado desprevenido. Y no era el mejor momento para declararse. Cassandra estaba muy afectada y sus palabras habían empeorado la situación. Ni siquiera había acabado de hablar cuando la vio cruzar la estancia para mirar por la ventana, de espaldas a él.

Sin embargo, no le había dicho que no. Esperó con ansia, pero ella guardó silencio.

No, en realidad no estaba guardando silencio. Al cabo de unos momentos comprendió que estaba llorando otra vez y que no lograba contener los sollozos.

– Cass… -Se acercó de nuevo a ella, aunque en esa ocasión no la tocó. Sabía que había pronunciado su nombre con voz triste-. No es solo autocompasión, ¿verdad? ¿Estás intentando encontrar el modo de dejarme sin hacerme daño? ¿No puedes casarte conmigo?

Cassandra tardó un rato en tranquilizarse lo suficiente como para poder contestarle.

– Creo que no me quedará más remedio que hacerlo -dijo por fin-. Creo que estoy embarazada, Stephen. No, no lo creo. Lo sé. Llevo unas cuantas semanas intentando convencerme de lo contrario, pero ya tengo dos faltas y… Estoy embarazada.

Se echó a llorar con tanta pena que la aferró por los hombros, la obligó a volverse y la abrazó para que llorara sobre su hombro.

Sus palabras le habían aflojado las rodillas. El alma se le había caído a los pies.

– ¿Y eso es tan horrible? -le preguntó cuando los sollozos se calmaron un poco-. ¿Es tan malo que te haya dejado embarazada? ¿Es tan malo que tengas que casarte conmigo?

«Así no -suplicó para sus adentros, derrotado-. Así no. Así no, por favor.»

Sin embargo, se había acostado con ella en dos ocasiones durante dos noches consecutivas a pesar de que no debió hacerlo, y en ese momento debía afrontar las consecuencias. Ambos debían afrontarlas.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Seducir a un Ángel»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Seducir a un Ángel» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Seducir a un Ángel»

Обсуждение, отзывы о книге «Seducir a un Ángel» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.