Todo esto me resulta profundamente lamentable, pero fue por completo necesario.
—A estas alturas es casi seguro que ha muerto —dijo Nicome-des anoche. Aún cenamos juntos con frecuencia—. Qué triste, Córbulo. Era un hombre interesante.
—Enormemente interesante a su manera. Si hubiera vivido, creo que habría cambiado el mundo.
—Lo dudo mucho —dijo Nicomedes, con ese tono griego tan característico de permanente escepticismo y displicencia—. Pero nunca lo sabremos, ¿no es así?
—No, nunca lo sabremos —confirmé y alcé mi copa—. Por Mahmut, pobre diablo.
—Por Mahmut, sí.
Y aquí acaba toda esta triste historia. Ve a ver al emperador, Horacio. Cuéntale lo que he hecho. Sitúalo en todo su contexto, con magnífico pasado, el presente y, especialmente, el futuro de la historia imperial. Menciónale a Aníbal, a Vercingetórix, a Atila, a todos nuestros grandes enemigos de épocas pasadas, y explícale que yo he acabado, en su estadio más temprano, con una amenaza para Roma mucho más aterradora que cualquiera de todas ésas. Hazle entender, si puedes, el significado de mi empresa.
Cuéntaselo, Horacio. Explícale que he salvado al mundo de ser conquistado, que he hecho para él algo que era del todo esencial que se llevara a cabo, algo que absolutamente nadie más podría haber logrado en su nombre, ya que, ¿quién habría podido tener la intuición de valorar la trascendencia de los sucesos venideros como yo fui capaz de hacerlo? Cuéntaselo todo.
Por encima de todo lo demás, pídele que me devuelva a casa.Ya he vivido bastante tiempo entre las arenas de Arabia. Mi tarea ha concluido. Suplico abandonar este desierto deprimente, el calor infernal, la soledad de mi vida aquí. Éste no es lugar para un héroe del Imperio.
Título original: Roma Eterna
Traducción de Emilio Mayorga
Primera edición: octubre de 2006
© Agberg, Ltd., 2003
© Ediciones Minotauro, 2006
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ISBN-13: 978-84-450-7610-1 ISBN-10: 84-450-7610-8
Depósito legal: B. 31343-2006
Fotocomposición: Anglofort, S. A.
Impresión: A & M Gráfic, S. L.
Impreso en España
Printed in Spain
«Equo ne credite, Teucri / Quidquid id est, timeo Dañaos et dona ferentes» («No confiéis en el caballo, troyanos. Sea lo que sea, temo a los dáñaos [griegos], aun portando regalos»). La frase procede del libro segundo de La Eneida de Virgilio y la pronuncia el sacerdote Laoconte, exhortando a los troyanos para que se abstengan de abrir las puertas de Troya a los griegos. La cita está en el origen de un dicho inglés que expresa desconfianza: «Beware ofthe Greeks bearing gifts», literalmente: «Ten[ed] cuidado con los griegos que llevan regalos». (N. del t.)
Ocean Sea, en el original. El término se refiere a la enorme masa de agua sobre la superficie del globo que rodea la tierra: la «mare occeanum». Hasta mediados del siglo XVII, en inglés se continuaba llamando ocean sea y también sea ocean o sea of ocean. Los Reyes Católicos concedieron a Cristóbal Colón el título de «Gran Almirante de la mar Océana y Virrey de todas las tierras que descubra o gane» (Capitulaciones de Santa Fe, 17 de abril de 1492). (N. del t.)