Charles Sheffield - El ascenso de Proteo

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El ascenso de Proteo: краткое содержание, описание и аннотация

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En el siglo XXII, la combinación de una bio-realimentación potenciada por ordenador con unas nuevas técnicas de quimioterapia ha permitido al ser humano no sólo curarse (eliminando la profesión médica), sino también alterar a voluntad su forma física. La alteración física, sin embargo, presenta aspectos oscuros, y la Agencia de Control de Formas que dirige Behrooz Wolf tiene la misión de impedir que formas ilegales o peligrosas se difundan.
Mientras investiga proyectos de apariencia siniestra, Wolf encuentra pistas que lo conducen al mensaje legado hace millones de años por una especie extraterrestre. Más tarde, la recurrente imagen mental de un misterioso Bailarín le llevará a enfrentarse con los rebeldes que, desde el espacio exterior, se oponen al poder de la Tierra. Razones más que suficientes para replantear lo que significa ser humano precisamente en una época en la cual los humanos adquieren cualquier forma física si lo desean y cuando el nuevo Test de Humanidad resulta esencial para identificar a los miembros de la propia especie.

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Un movimiento en la ventanilla interrumpió de golpe los pensamientos de Wolf. Miró sorprendido. Un tripulante miraba por el panel, asido del casco externo por la capa magnética subcutánea de la muñeca y el tobillo. Encima de ellos tenía las tazas de succión que le permitían aferrarse durante el ascenso del transbordador. El tripulante revisaba parte de la antena. Wolf no pudo resistirse a mirar. Era la primera vez que veía una forma C en este ámbito espacial.

La piel del tripulante era gruesa y resistente, y los ojos estaban laminados con una gruesa capa transparente de mucosidad protectora. No tenía tanque de aire ni traje espacial. Los pulmones modificados, que seguían la estructura de los pulmones de las ballenas, podían almacenar suficiente oxígeno, bajo presión, para trabajar cómodamente varias horas en el exterior. La piel escamosa era una protección eficaz contra la pérdida de fluidos en el vacío circundante. Abundantes sustitutos de melanina en la epidermis brindaban protección contra la fuerte luz ultravioleta.

Wolf miró al tripulante que se desplazaba cómodamente a lo largo del casco. Suspiró al evocar su propia estupidez. Larsen lo había guiado e incitado a averiguar más cosas sobre Ling y sobre Perla. Así que Capman quería que él conociera esa conexión, quería que se interesara en el Cúmulo Egipcio. Era indudable que Larsen y Capman se habían comunicado regularmente desde la desaparición de Capman-Ling unas semanas antes. Larsen había guiado los pensamientos de Bey hasta que éste había tomado la decisión de ir a la Luna. Una vez logrado ese propósito, Larsen había desaparecido. No podía haberlo hecho sin ayuda, pero era obvio de dónde venía esa ayuda. Capman, con recursos que Bey apenas vislumbraba, se había llevado a Larsen de las oficinas de Control de Formas para enviarlo… ¿adonde?

Bey también tenía ciertas ideas al respecto. Aunque faltaban sólo diez minutos para que la nave despegara, fue deprisa al centro de comunicaciones y llamó a Ciudad Tycho. Cuando Park Green apareció en la pantalla, ya había sonado el primer aviso para indicar a Bey que regresara a su asiento.

—Park, estoy en camino y no tengo tiempo para hablar demasiado —dijo Wolf, prescindiendo de las formalidades—. Fíjate si hay una nave disponible con suficiente combustible para un viaje fuera de la eclíptica, hasta el Cúmulo Egipcio. En caso afirmativo, contrátala. Usa mi nombre, con el aval de Control de Formas de la Tierra. No digas adonde quiero ir. Te veré dentro de veinticuatro horas. Entonces te lo contaré todo.

El comisario de a bordo, las venas de la cara enrojecidas por el vacío, le hacía señas urgentes. Wolf cortó la comunicación, regresó deprisa a su asiento y se sujetó.

—Una charla interesante —rezongó el comisario.

Wolf asintió.

—Llamada urgente —dijo—. Acabo de ver una forma C trabajando fuera de la nave. Pensé que todavía estaban prohibidas en la FEU.

La expresión del comisario se volvió más amigable. Sonrió.

—Lo están. Hay una pequeña triquiñuela. Las formas C no son gente de la FEU. Forman parte de un programa de intercambio estudiantil. La Tierra recibe algunos especialistas en núcleos energéticos, la FEU recibe algunas formas C.

—¿Qué opina usted de ellas?

—Lo mejor que ha llegado al espacio desde el vacío barato. Los sindicatos demoran las cosas porque temen perder empleos. —Miró la pantalla de su muñeca—. Espere, estamos despegando.

Cuando la nave empezó a moverse en espiral para alejarse de la órbita, Wolf encendió la pequeña pantalla informativa que había sobre el diván. El movimiento entre una cabina y otra estaría restringido durante la fase de alto impulso de la hora siguiente. Encendió el canal de noticias.

Los medios se habían enterado de que John Larsen había desaparecido. Era una noticia de poca monta que no figuraba entre las prioridades. Las últimas declaraciones sobre los indicadores sociales resultaban de mayor interés para el público. Aún estaban oscilando, con vaivenes de creciente amplitud. Incluso con el núcleo que enviaba energía a Quito, la energía escaseaba en América del Sur. Las muertes por hambruna se elevaban rápidamente en el norte de Europa. Bey comprendió que sus preocupaciones eran minúsculas comparadas con la creciente crisis que enfrentaban los coordinadores generales. Pero no podía olvidar la pregunta de Larsen. Dado todo esto, ¿por qué Capman le obsesionaba tanto ahora como cuatro años antes?

Tendido donde estaba, Wolf podía ver el puesto del piloto. El ordenador podía encargarse de casi todas las maniobras, pero el hombre prefería operar manualmente en el comienzo del viaje. Era otra forma C, prueba adicional de que las cosas se movían más deprisa de lo que deseaba el sindicato. El piloto, con manos y pies prensiles que eran delicadas masas de dígitos divididos, manipulaba sesenta controles simultáneamente. Bey observó fascinado mientras seguía cavilando sobre los viejos problemas de siempre.

Después del primer y sorpresivo terremoto lunar, la segunda versión de Ciudad Tycho se había construido situando las viviendas a gran profundidad. Bey, con un traje de vacío, bajó por el ascensor de alta velocidad por la Fisura de Horstmann, hacia la ciudad principal, más de tres kilómetros bajo la superficie. Emergió por el punto de salida opcional, a medio camino, y caminó hasta el borde del saliente. El cuerpo preservado de Horstmann, aún encerrado en su traje espacial, colgaba de los viejos clavos hundidos en la pared de la fisura. Wolf miró el contador Geiger que había junto a la figura con traje. El rápido chachareo le llegaba claramente a través de la dura superficie de roca. El período de semidesintegración de los núclidos era inferior a diez años, pero Horstmann permanecería radiactivo por lo menos un siglo más. Se podría haber reducido más deprisa la radiactividad mediante transiciones nucleares estimuladas, como se hacía con los desechos de los reactores, pero las autoridades lunares se oponían a esa idea. Bey leyó de nuevo la placa conmemorativa y continuó su descenso por la fisura.

Park Green había logrado mover influencias en Inmigración y Aduanas. Las formalidades de recepción fueron ágiles y breves. La cara sonriente de Green, que llevaba más de una cabeza a los otros ciudadanos de la FEU, saludó a Wolf cuando salió de la tercera y última cámara de presión.

—Bey, no sabes cuántos problemas me has causado —le dijo Green, estrechándole la mano—. No sabía que eras tan famoso. En cuanto nuestros especialistas en métodos de regeneración descubrieron que venías a Ciudad Tycho, me inundaron con llamadas. Todos quieren saber cuánto tiempo te quedarás, qué harás, todos los detalles. Me ha costado mantenerlos a raya. Quieren conocerte para hablar del trabajo que iniciaste hace un par de años, sobre formas transicionales.

Wolf quedó un poco sorprendido.

—¿Conocen aquí ese trabajo? No pensé que fuera demasiado original. Sólo seguí algunas de las pistas implícitas en el trabajo de Capman. La idea era de él.

—Aquí no están de acuerdo con eso. Si las pistas estaban allí, debían de estar bien escondidas. ¿Estás dispuesto a pasar un tiempo con ellos? Sólo quieren…

—Mira, Park, en otras circunstancias lo haría gustoso —interrumpió Bey—, pero ahora no tenemos tiempo para eso. ¿Conseguiste la nave?

—Eso creo… Lo sabré con certeza dentro de unas horas. También tuve un problema con eso. Todos los formularios que he llenado exigen un destino preciso para darte autorización para cualquier viaje que dure más de doscientas horas. Examiné tu licencia, y al menos eso estaba en orden.

—¿Qué destino mencionaste? Nada específico, ¿verdad?

—No fue difícil. Me anoté para una excursión completa por el sistema solar interior, medio y exterior, hasta el Halo. Una vez que esté aprobada, habrá suficiente combustible y provisiones a bordo para viajar a cualquier parte del sistema solar. Debo aclararte que cargué todo a tu cuenta… Yo no tengo crédito suficiente para eso.

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