«Es natural que me conserve en la memoria a esa edad, más poderosa que ninguna de las incontables experiencias que hemos compartido desde entonces. Es natural que cuando su mente inconsciente convoca su bagaje más íntimo sea la muchacha que fui lo que más profundamente anide en su corazón.»
Ella sabía todo esto, lo comprendía, lo creía. Sin embargo, todavía escocía, todavía dolía que aquella criatura casi perfecta fuera lo que él pensara de ella. Que la Valentine que Ender realmente amaba fuera una criatura de increíble pureza. «Por esta compañera imaginaria, él fue un compañero tan íntimo en todos los años que pasaron antes de que me casara con Jakt. A menos que fuera el hecho de casarme con Jakt lo que le hizo volver a la visión infantil que tenía de mí.»
Tonterías. No había nada que ganar intentando imaginar lo que significaba aquella muchacha. No importaba cuál fuera el modo de su creación, ahora estaba allí, y había que aceptar este hecho.
Pobre Ender…, no parecía comprender nada. Al principio pensó de verdad que podría conservar a la joven Val a su lado.
—¿No es mi hija, en cierto modo? —preguntó.
—De ningún modo lo es —admitió ella—. En cualquier caso, es mía. Y desde luego, no es apropiado que te la lleves a tu casa, sola. Sobre todo desde que Peter está allí, y no es el tutor más digno de confianza que ha existido.
Ender no estuvo completamente de acuerdo: habría preferido deshacerse de Peter y no de Val, pero accedió, y desde entonces la muchacha vivió en casa de Valentine, cuya intención era convertirse en amiga y mentora de la chica; aunque fue en vano. No se sentía suficientemente cómoda en compañía de Val. No dejaba de buscar motivos para salir de casa cuando Val estaba allí; siempre se sentía inapropiadamente agradecida cuando Ender venía a llevársela a dar un paseo con Peter.
Lo que finalmente sucedió fue que, como había ocurrido tan a menudo antes, Plikt intervino en silencio y resolvió el problema. Plikt se convirtió en la principal acompañante y tutora de Val en casa de Valentine. Cuando Val no estaba con Ender, estaba con Plikt. Y aquella mañana Plikt había sugerido instalar una casa propia: para ella y para Val. «Quizá me apresuré a aceptarlo —pensó Valentine—. Pero probablemente a Val le resulta tan duro compartir una casa conmigo como a mí con ella.»
Ahora, sin embargo, mientras contemplaba a Plikt y a Val, que entraban en la nueva capilla de rodillas y arrastrándose, como se habían arrastrado todos los otros humanos que entraron, para besar el anillo del obispo Peregrino ante el altar, Valentine advirtió que no había hecho nada «por el bien» de Val, por mucho que hubiera querido convencerse de ello. Val era completamente autosuficiente, inquebrantable, tranquila. ¿Por qué debería Valentine imaginar que podía hacer que la joven Val fuera más o menos feliz, estuviera más o menos cómoda? «Soy irrelevante para la vida de esta muchachita. Sin embargo, ella no es irrelevante para la mía. Es a la vez la afirmación y la negación de la relación más importante de mi infancia, y de gran parte de mi edad adulta. Ojalá se hubiera reducido a cenizas en el Exterior, como el viejo cuerpo lisiado de Miro. Ojalá nunca hubiera tenido que enfrentarme conmigo misma de esta manera.»
En efecto, se enfrentaba a ella misma. Ela había efectuado esta prueba inmediatamente. La joven Val y Valentine eran genéticamente idénticas.
—Pero eso es absurdo —protestó Valentine—. Es altamente improbable que Ender memorizara mi código genético. No pudo haber una pauta de ese código en la nave.
—¿Se supone que debo ofrecer una explicación? —le preguntó Ela.
Ender sugirió una posibilidad: que el código genético de la joven Val fue fluido hasta que ella y Valentine se encontraron, y entonces los filotes del cuerpo de Val se formaron con la pauta que encontraron en Valentine.
Valentine se guardó sus opiniones para sí, pero dudaba de que la suposición de Ender fuera acertada. La joven Val tenía los genes de Valentine desde el primer momento, porque cualquier persona que encajara tan perfectamente con la visión de Valentine que tenía Ender no podía tener otros genes; la ley natural que la propia Jane ayudaba a mantener dentro de la nave lo habría requerido. O tal vez había alguna fuerza que formaba y ordenaba incluso un lugar de caos tan completo. «Apenas importaba, excepto que, por irritantemente molesta y perfecta y tan distinta a mí que pueda ser esta nueva seudo Valentine, la visión que Ender tenía de ella fue lo bastante…veraz para que genéticamente resultaran iguales. Su visión no podía estar tan desviada. Tal vez fui de verdad así de perfecta, y sólo me he endurecido desde entonces. Tal vez fui de verdad así de hermosa. Tal vez fui de verdad así de joven.»
Se arrodillaron ante el obispo. Plikt le besó el anillo, aunque no tenía que cumplir la penitencia de Lusitania.
Sin embargo, cuando le tocó el turno a la joven Val, el obispo retiró la mano y se dio la vuelta. Un sacerdote se adelantó y les indicó que ocuparan sus asientos.
—¿Cómo puedo hacerlo? —preguntó la joven Val—. No he cumplido mi penitencia todavía.
—No tienes penitencia —respondió el sacerdote—. El obispo me lo dijo antes de que vinieras; no estabas aquí cuando se cometió el pecado, así que no formas parte de la penitencia.
La joven Val lo miró tristemente.
—Fui creada por alguien que no es Dios. Por eso el obispo no quiere recibirme. Nunca tomaré la comunión mientras él viva.
El sacerdote parecía muy triste: era imposible no sentir pesar por la joven Val, pues su sencillez y dulzura la hacía parecer frágil, y la persona que la hiriera tenía por tanto que sentirse torpe por haber dañado a alguien tan tierno.
—Hasta que el Papa pueda decidir —dijo—. Todo esto es muy difícil.
—Lo sé —susurró la joven Val.
Entonces obedeció y se sentó entre Plikt y Valentine.
«Nuestros codos se tocan —pensó Valentine—. Una hija que soy exactamente yo misma, como si la hubiera clonado hace tres años. Pero no quería otra hija, y desde luego no quería un duplicado mío. Ella lo sabe. Lo siente. Y por eso sufre algo que yo nunca sufrí: se siente no deseada y no amada por aquellos que más se parecen a ella. ¿Cómo se siente Ender? ¿También desea que se marche? ¿O ansía ser su hermano, como fue mi hermano menor hace tantos años? Cuando yo tenía esa edad, Ender todavía no había cometido xenocidio. Pero tampoco había hablado aún en nombre de los muertos. La Reina Colmena, el Hegemón, la Vida de Humano… todo eso estaba entonces más allá de él. Era sólo un niño, confuso, desesperado, temeroso. ¿Cómo podría Ender anhelar esa época?»
Miro entró poco después, se arrastró hasta el altar y besó el anillo. Aunque el obispo lo había absuelto de toda responsabilidad, cumplió la penitencia de todos los demás. Valentine advirtió, naturalmente, los muchos susurros que despertó a su paso. Todos los habitantes de Lusitania que lo trataron antes de su lesión cerebral reconocieron el milagro realizado: una perfecta restitución del Miro que con tanta brillantez había convivido con ellos antes.
«No te conocí entonces, Miro —pensó Valentine—. ¿Siempre tuviste ese aire distante y ceñudo? Tal vez tu cuerpo ha sanado, pero sigues siendo el hombre que vivió en el dolor durante un tiempo. ¿Te ha vuelto eso más frío o más compasivo?»
Miro se acercó y se sentó junto a ella, en el asiento que habría sido de Jakt, si no estuviera todavía en el espacio. Con la descolada a punto de ser destruida, alguien tenía que traer a la superficie de Lusitania los miles de microbios y plantas y especies animales congelados y mantener en orden los sistemas planetarios. Era un trabajo que se había hecho en muchos otros mundos, pero resultaba más difícil de realizar por la necesidad de no competir con demasiada intensidad con las especies locales de las que dependían los pequeninos. Jakt estaba allí arriba, trabajando para todos ellos: era una buena justificación para su ausencia, pero Valentine todavía lo echaba de menos. De hecho, lo necesitaba con todas sus fuerzas, pues las creaciones de Ender la habían dejado hecha un lío. Miro no era ningún sustituto para su marido, sobre todo porque su nuevo cuerpo era un brusco recordatorio de lo que había sucedido en el Exterior.
Читать дальше