– No; habrá una investigación completa, y no sólo de Reeanna, sino de toda tu compañía, de la gente que colaboró con ella en el proyecto.
– Podré soportarlo. La compañía está limpia, te lo prometo. No te haré avergonzar teniéndome que arrestar, teniente.
Ella aceptó el pañuelo que él le entregó y se sonó.
– Qué desastre para mi carrera, casarme con un estafador.
– No tienes que preocuparte. ¿Por qué lo hizo?
– Porque podía. Eso es lo que dijo. Disfrutaba teniendo el poder, el control. -Se frotó bruscamente las mejillas-. Tenía grandes planes para mí. -Se estremeció brevemente-. Quería convertirme en una especie de animalillo doméstico, supongo. Como William. Su perrito amaestrado. Una vez muerto tú, se figuraba que yo heredaría todas tus propiedades. No vas a hacerme eso, ¿verdad?
– ¿Qué, morir?
– Dejarme todo esto.
Él rió y la besó.
– Sólo tú te enfadarías por eso. -Le apartó el cabello de la cara-. ¿Tenía una unidad preparada para ti?
– Sí, pero no tuvimos tiempo de probarla. Feeney está allí abajo. Será mejor que le explique lo ocurrido.
– Tendremos que bajar entonces. Ella desconectó el telenexo, por eso me disponía a bajar cuando te echaste encima de mí. Me inquieté al no poder hablar contigo. -Eve le acarició el rostro.
– Es duro querer a alguien.
– Me veo capaz de sobrellevarlo. Supongo que querrás ir a la comisaría para aclarar todo el asunto esta misma noche.
– Es lo que procede. Tengo un cadáver… y cuatro casos de asesinato que cerrar.
– Te llevaré después de pasar por el centro médico.
– No pienso ir.
– Desde luego que irás.
Peabody llamó a la puerta y se asomó.
– Disculpad, pero los asistentes sanitarios están aquí. Necesitan autorización para entrar.
– Me encargaré de ello. Haz que se reúnan con nosotros en la oficina de la doctora Ott, ¿quieres, Peabody? Pueden examinar a Eve antes de llevársela al centro para un tratamiento completo.
– He dicho que no voy a someterme a un tratamiento.
– Te he oído. -Roarke apretó un botón de su escritorio-. Autorizar la entrada de los médicos. Peabody, ¿llevas encima las esposas?
– Es la norma.
– ¿Me las prestarías para ver si puedo dominar a tu teniente hasta dejarla en el centro médico más próximo?
– Inténtalo, amigo, y verás quién necesita un médico. -Peabody hizo un esfuerzo por controlarse. Una risita en ese momento no sentaría nada bien a su teniente.
– Comprendo tu problema, Roarke, pero no puedo complacerte. Necesito el empleo.
– No importa, Peabody. -Roarke rodeó a Eve por la cintura y dejó que se apoyara en él mientras se dirigía cojeando a la puerta-. Estoy seguro de que puedo encontrar un sustituto.
– Tengo que presentar un informe y trabajo que terminar, además de un cadáver que trasladar. -Eve lo miró disgustada mientras él llamaba el ascensor-. No tengo tiempo para una revisión.
– Ya te he oído -repitió él, y se limitó a cogerla en brazos e introducirla en el ascensor-. Peabody, dile a los sanitarios que vengan armados. Es muy probable que trate de escapar.
– Déjame en el suelo, idiota. No pienso ir. -Pero Eve se reía cuando las puertas se cerraron.
***
* – Está bien, haremos lo que podamos. Teniente Dallas, Eve, del * DPSNY responsable hasta que nos pongamos en contacto y sean trasladadas aquí las autoridades pertinentes. Muerte sospechosa y por investigar. Mathias, Drew, Gran Hotel Olympus, habitación 1036. Día 1 de agosto de 2058, a la una de la madrugada. – Quiero que lo descuelguen -dijo Roarke, quien no debería haberse sorprendido de lo deprisa que ella había cambiado de mujer a policía. – Aún no. A él le trae sin cuidado y necesito filmar la escena antes de mover nada. -Se volvió hacia el umbral-. ¿Tocaste algo, Carter? – No. -El joven se frotó la boca con el dorso de la mano-. Abrí la puerta, como ahora, y entré. Lo vi enseguida… Como ustedes. Supongo que me quedé aquí unos momentos. Aquí mismo. Supe que estaba muerto. Lo vi en la cara. – ¿Por qué no vas al dormitorio por la otra puerta y tratas de dormir un poco? -sugirió ella señalándole la puerta de la izquierda-. Hablaremos luego. – De acuerdo. – No llames a nadie -ordenó ella. – No lo haré. Eve cerró la puerta. Miró a Roarke y éste le devolvió la mirada. Sabía que él estaba pensando lo mismo que ella, que algunas personas -como ella- no tenían posibilidad de escapar de los contratiempos. – Manos a la obra -dijo.
Departamento de Policia y Seguridad de Nueva York
*Peabody significa literalmente “cuerpo del tamaño de un guisante”
*En inglés, Dickhead significa «gilipollas». (N. de la T.)