Anthony Hyde - China Lake

Здесь есть возможность читать онлайн «Anthony Hyde - China Lake» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

China Lake: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «China Lake»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Jack Tannis es un veterano de la Guerra Fría, quien formó parte de una campaña para salvaguardar la tecnología militar de los Estados Unidos de aquellos que pretendían hacérsela llegar a sus enemigos, la Unión Soviética. David Harper, por otra parte, fue una vez identificado como el miembro vital de una tendenciosa conspiración que ambicionaba poner en aprietos a los Estados Unidos y a sus aliados. Aunque Tannis no estaba convencido de la culpabilidad de Harper, las pruebas eran difíciles de rebatir, por lo que Tannis mantuvo sus dudas para sí, y David Harper fue declarado traidor.
Décadas más tarde, Tannis se verá obligado a recordar el incidente cuando una misteriosa llamada, en nombre de Harper, le encamina hacia el Centro Naval de Armas en China Lake, donde descubrirá el cadáver de un refugiado político de la Alemania del Este, lo que le llevará a reabrir el caso Harper. Mientras tanto, David Harper, que anda forjándose una carrera como fotógrafo de la naturaleza, también tendrá que recordar el pasado de forma macabra, por lo que empezará a reconsiderar aquellas circunstancias que le llevaron a la desgracia.

China Lake — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «China Lake», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– No me gusta, David.

– Entonces no…

– No quiero decir eso y tú lo sabes. Yo no estoy en peligro, pero tú sí.

– Sí, y no puedo hacer nada por evitarlo. Así son las cosas. Lo que quiero que hagas, escúchame bien, no quiero ponerme furioso, es que compruebes lo de Tannis y te marches. Coge a Derek y vete a algún lugar seguro. Si tuvieras que irte de Kirkcudbright, ¿adónde podrías ir?

– A Edimburgo. Tengo amigos allí. A Londres.

– Más lejos.

– Bueno, podríamos ir a casa de la abuela de Derek, la madre de Axel. Vive en Copenhague.

– Perfecto. Eso es lo que harás entonces. Comprueba si Tannis sigue ahí. Luego llama a mi oficina, no me llames aquí. Te di el número…

– Sí.

– Te contestará la señora Simpson, o bien el contestador automático. Deja el mensaje. Es del tipo al que se puede llamar para que te repita los mensajes.

– De acuerdo. ¿Pero qué harás tú mientras tanto? Sigue sin gustarme esto. Es horrible. Me siento como la chica de una película del Oeste que se retuerce las manos mientras el héroe lo soluciona todo a mamporros con el villano.

– Es de esperar que no haya nada de eso.

– Pero podría haberlo.

– No lo sé. Pero no importa. Tengo que hacerlo. No puedo dejar que penda sobre mí durante del resto de mi vida, de nuestra vida.

– David, tengo miedo. -El la oyó suspirar-. Te quiero mucho.

– Yo también te quiero. No te preocupes. Todo saldrá bien. Recuerda que tengo una ventaja: nadie espera que yo haga nada. Creen que será como la otra vez, que me pillarán desprevenido. No me buscarán porque supondrán que he salido corriendo en la dirección opuesta.

Charlaron un rato más, él apuntó la dirección de Copenhague y luego le dijo adiós. Después de colgar se quedó sentado junto al teléfono. Necesitaba tiempo para dejarla, para acostumbrarse. Luego volvió a coger el teléfono.

Tannis. ¿Dónde estaba? ¿Cómo encontrarlo?

Quizás estaba en Escocia, pero era igualmente probable, pensó, que estuviera en Gales. Era casi seguro que se había alojado en Aberporth; había llevado a Diana al Hotel Penrallt. Era posible que siguiera allí o que hubiera dejado alguna pista. Le dio a Tim media hora más y luego inició las llamadas. Pretendía seguir la misma estrategia que Anne, pero llamó primero al Penrallt y tuvo suerte a la primera. Aunque en realidad llamó dos veces. La primera vez el recepcionista le dijo, con una evidente brusquedad, que allí no había ningún Tannis. Una brusquedad tan evidente que, después de errar el tiro con una docena de sitios más, volvió a llamar y preguntó por Tannis directamente:

– ¿Podría hablar con Jack Tannis, por favor?

– Señor, no hay nadie aquí que responda a ese nombre, como creo que ya le he dicho antes, y como le dije al otro caballero ayer.

David dudó.

– No comprendo… ¿otro caballero?

– No damos información sobre nuestros huéspedes. Buenas tardes.

La línea se cortó. Durante unos segundos David volvió a dudar. Tardó ese tiempo en comprender la ambigüedad. Pero lo hizo. Tannis no era un huésped, de haberlo sido y puesto que David había pedido directamente por él, le habrían pasado la comunicación. Y no cabía la menor duda de que la negativa a dar información sobre sus huéspedes era una norma general. Pero quizá el recepcionista había querido decir otra cosa, que el «otro caballero», el que había estado preguntando por Tannis, se había convertido en huésped.

Era una posibilidad que debía ser investigada. Pero David esperó, con el teléfono en la mano. ¿Iba a hacerlo realmente? ¿Podía dar él siquiera ese primer y pequeño paso? Era una persona diferente ahora y si en el minuto siguiente seguía adelante, después sería aún más diferente. Se sonrió para sus adentros. Qué absurdo era. Se sentía como un proscrito dispuesto a enarbolar el estandarte de la revolución. Sin embargo, se contuvo aún. Tim. ¿Dónde estaba? Subió las escaleras, a su dormitorio, como si pudiera así a obtener la respuesta. Si la hallaba, tal vez le diría que se había ido para siempre, porque todo lo que sentía era soledad. Viejos libros escolares se apoyaban unos contra otros en los polvorientos estantes, el despertador que había sobre la mesita de noche estaba mudo y le faltaba una manecilla. Supuso que Tim había colgado los pósters que había en la pared: Harold y Maude , una de las películas de Fassbinder, pero probablemente databa de años atrás. Había estado estudiando; tenía una libreta de apuntes y un libro de texto sobre estadística abiertos sobre el escritorio. Pero al lado estaba la Lonely Planet Guide to India , que parecía sugerir la gran separación que tal vez existía entre sus auténticos deseos y su vida. El ambiente de aquella pequeña habitación parecía transitorio, escasamente relacionado con la casa. ¿Había pasado realmente tanto tiempo allí? ¿Dónde estaba su corazón? David se preguntó, mientras miraba a su alrededor, si durante todos aquellos años habría malinterpretado la relación existente entre madre e hijo, si no habrían existido problemas de los que él nada había sabido. ¿Sospechas? Cuando menos era muy curioso que Tim hubiera pensado en la misma pregunta: ¿por qué se había quedado Diana en Aberporth? Tim había visto su vida en aquel pueblo. ¿Habría percibido algún misterio en el fondo de todo aquello? Pero luego se dijo que ni siquiera estaba seguro de lo que él mismo sentía al respecto. Sin embargo no podía esperar más. Tenía que encontrar la respuesta a pesar de Tim. Al fin y al cabo no estaba seguro de que no fuera mejor que se hubiera ido. Se había alejado de la posibilidad de salir dañado, estaba fuera del foco de peligro en que se había convertido David. No obstante, existía un vínculo entre ellos, por el que tanto y durante tanto tiempo había luchado, que ahora se negaba a romperlo, así que tomó prestados una camisa, un suéter y unos pantalones de su hijo. Para entonces ya eran más de las cinco. O daba el paso o no lo daba, y sí, lo iba a dar. Se puso el chubasquero (estaba casi seco) y salió. Se metió en el coche y se encaminó hacia el Hotel Penrallt, en busca del «otro caballero» que conocía a Jack Tannis.

12

Como era habitual, el nombre describía el lugar.

Pen significa cima; allt es una colina o un acantilado poblado de árboles. A gran altura por encima del mar y cerca de la base (debía de haber pasado cientos de veces por allí) David tomó una larga carretera bordeada de setos a ambos lados que formaba una curva para entrar en una prolongación de la pendiente del terreno y luego descendía hacia los prados y una arboleda de robles. El hotel estaba justo detrás. Como tantas otras casas de la zona, recordaba vagamente el estilo Tudor por la abundancia de gabletes, chimeneas y entramado de maderas, pero en todo lo demás resultaba difícil de situar en el tiempo. Probablemente era un edificio Victoriano, pero era posible que se hubiera construido en una época tan tardía como los años veinte, puesto que era una imitación en todos los aspectos, a pesar de que no conseguía discernir qué modelo copiaba, si un pabellón de caza, una granja o una gran finca. Pero la vista compensaba cualquier deficiencia, conducía la mirada hacia las lomas arboladas y los barrancos, y hacia los suaves y verdes campos de las granjas que llevaban hasta el pueblo.

En el aparcamiento, con el asfalto reciente, fresco y reluciente tras la lluvia, David se detuvo un momento y tomó aire. ¿Cómo iba a hacerlo? Sabía que el verdadero problema estaba en él mismo: ¿cómo podía creerse que iba a hacerlo? Recordó las primeras horas después de que lo arrestaran y su obstinada negativa a aceptar que se pudiera pensar que él era un espía. Todo era una equivocación y en cualquier momento se darían cuenta. No era él. Así: no era él. Sintió algo parecido en ese momento, aunque quizás a la inversa, una sensación de su propia irrealidad (¿era realmente él quien actuaba así?) que transformaba el mundo más allá del cristal del parabrisas, la curva de la carretera rodeando el hotel, los cuidados terrenos de césped y la amplia vista, una imagen en blanco y negro bajo la mortecina luz de las bajas nubes grises. Recordó que, cuando lo encerraron en una habitación de China Lake la primera noche, el sonido de la llave al dar la vuelta en la cerradura le había hecho evocar a Burt Lancaster o a Mickey Rooney, a alguien que bramara furiosamente a través de los barrotes de una película de presos. Aquello también era una película; tenía que serlo. No había dejado de pensar en ello. Pero no lo era. No formaba parte del público que contemplaba la película, estaba en la pantalla, actuando. Sin embargo, tampoco eso era totalmente cierto. Era peor. Porque estaba sucediendo realmente; no estaba representando un papel del que podría escapar; era él mismo. En ese momento había sentido el verdadero horror y ahora parecía recibir una reverberación de aquel horror, salvo que, una vez más, era a la inversa, porque él era el responsable. Por entrar en el aparcamiento… por insistir… No. No estaba completamente seguro de lo que hacía, excepto que lo hacía. No iba a permitirles que se salieran con la suya. Al salir del coche y mirar los otros vehículos aparcados pensó: «el Juego de Kim». De ahí debía de proceder el seudónimo de Philby (no se le había ocurrido antes), y antes de que se diera cuenta (¿acaso no era un científico?, ¿no eran ésos sus poderes de observación?) había memorizado todas las matrículas. Luego examinó los coches más de cerca. Había cinco en total. Dos eran turismos, un Toyota y un Polo abollado. Otros dos tenían pegatinas del MoD en las ventanillas, lo que presumiblemente significaba que eran de la base. Era razonable; el hotel estaba lo bastante cerca como para servir de alojamiento y sin duda, hallándose de paso, el más cercano. Pero después miró en el interior de un Ford Escort azul, alquilado a Godfrey Davis, y justo delante de él, en el asiento trasero, vio la Guía de Escocia Occidental y Central. Fue una conmoción verla allí, tan real. Casi como si fuera el resultado de su conjuro, una ilusión. No era una ilusión, sin embargo. Y a menos que se tratara de una coincidencia debía significar que… Bueno, ¿qué podía significar? Sin duda Tannis había estado en Escocia, pero no estaba registrado en el hotel, al menos bajo su verdadero nombre. ¿Pero por qué iba a utilizar un nombre falso? Sólo quedaba una alternativa. El hombre que había cortado la cuerda. Es decir, más o menos lo que andaba buscando. Pero vaciló. Nunca se le había ocurrido que fuera a tener un éxito tan pronto. Ahora que el momento había llegado no estaba seguro de lo que debía hacer.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «China Lake»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «China Lake» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «China Lake»

Обсуждение, отзывы о книге «China Lake» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.