Jodi Compton - Indicio de culpa

Здесь есть возможность читать онлайн «Jodi Compton - Indicio de culpa» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Indicio de culpa: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Indicio de culpa»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Sarah Pribek, una detective de Mineápolis especializada en desapariciones, protege la identidad de una amiga suya, Genevieve. Ambas persiguieron, encontraron y mataron a Royce Stewart, violador y asesino de la hija de Genevieve, en una trama en la que se vio involucrado el marido de Sarah, que se encuentra en la carcel. Nadie del departamento de policía entiende el extraño proceder de la detective, que está protegiendo a una criminal, y un inspector llega a la ciudad para investigarla… Una historia donde las cosas no tienen las motivaciones correctas, o al menos las que se presume que deberian ser.

Indicio de culpa — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Indicio de culpa», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Al llegar a la puerta de la calle, Lisette advirtió que había cometido una indiscreción.

– Escuche -susurró-, no va a contarle a Ghislaine lo que le he dicho de Marc, ¿verdad?

– No -respondí-. No lo haré.

– ¿Qué quiere que haga, si Ghislaine vuelve a casa? -preguntó Lisette, visiblemente aliviada.

– Nada -contesté-. Tarde o temprano, me pondré en contacto con ella.

– Hadley al habla.

– Soy yo -dije, sentada a la puerta del edificio donde vivían Ghislaine y Lisette-. No he encontrado a la novia. Ahora vuelvo a la central. ¿Has pensado qué vamos a hacer a continuación?

– Son más de las seis -replicó Hadley-. Me voy a casa.

– Creía que estábamos buscando a Marc -apunté.

– No podemos hacer mucho más -dijo Hadley-. He enviado una patrulla a su casa pero, como era de esperar, no ha aparecido por allí. Probablemente anda escondido, pero hemos transmitido su descripción a todas las patrullas. Alguien lo pescará.

Aunque Hadley no parecía cansado, seguramente se encontraba en la central desde las ocho de la mañana. Además, 420 tenía razón. En situaciones como ésta, los detectives no se dedican a recorrer las calles en un coche patrulla con la vana esperanza de cruzarse con el sospechoso de turno.

– Oye, ¿quieres que espere a que llegues? -preguntó.

– ¿ Por qué?

– Porque tu coche sigue en las torres, ¿no? -inquirió Hadley-. Si quieres, te llevo en el mío hasta allí para que lo recojas.

– No te preocupes por eso. Quizá me quede un rato en la central por si llega algún parte. Ya iré a buscar el coche más tarde.

– Sarah, sé que ya te lo he dicho y, por lo general, no me repito, pero pienso que te estás tomando este caso demasiado en serio. -Hadley hizo una pausa-. ¿Conocías a ese tipo? Cuando apareciste por allí, no era la primera vez que visitabas la casa, ¿no es cierto?

«Estoy hasta de mentir. Por una vez me gustaría decir la verdad a una persona a quien aprecio y respeto.»-Me habían encargado que recogiese pruebas para presentar cargos contra él -dije, eludiendo la pregunta principal-. Si hubiese actuado más deprisa, ese hombre estaría vivo y en la cárcel y…

– No -me interrumpió Hadley-. No es culpa tuya. Esos tipos se cargaron a Ruiz como quien sopla una cerilla que ya ha utilizado. A mí también me afecta. Estoy ya lo bastante cabreado con ellos como para, encima, tener que pensar que, por su culpa, una persona que me cae bien se quedará en comisaría hasta altas horas de la noche, corroída por la culpa de lo que habría ocurrido si hubiera actuado de otra manera.

– Gracias -dije-. No me quedaré hasta muy tarde, te lo prometo.

Aquella noche estuve en comisaría un par de horas, tomando café y charlando con los agentes del turno nocturno. Por la radio llegaron denuncias de delitos habituales y de actividades que tal vez podían ser delictivas. En las galerías comerciales Nicollet, un mendigo molestaba más de la cuenta a los clientes. En el aeropuerto, un chico que debía haber tomado un vuelo se había quedado en tierra. En la 35 Oeste, un coche se había detenido en el arcén sin poner los intermitentes y el conductor estaba borracho, dormido o se había desplomado encima del volante. Al final, me di por vencida y pedí a un agente de patrullas que terminaba el turno que me acercase hasta el edificio de Cicero. Antes de salir, comprobé los últimos partes de la radio y me llevé un emisor-receptor, por si acaso.

Por el camino, el agente y yo apenas intercambiamos unas frases y de lo que no hablamos en absoluto fue de crímenes.

– Curioso, ¿no? -dijo mi compañero eventual, al tiempo que levantaba una mano del volante para señalar el brillo dorado del cielo, por el oeste-. Son más de las nueve y el sol apenas acaba de ponerse.

– Hoy es el solsticio de verano -le recordé.

– Lo sé -replicó-, pero sigo sin acostumbrarme a ello. He vivido aquí toda mi vida y todavía me produce escalofríos ver que anochece tan tarde.

Cuando llegamos a las torres, ni siquiera alcé la mirada hacia las ventanas que, como ojos vacíos, se cernían sobre mí.

– Gracias -dije al apearme. Cerré la puerta del coche y enfilé hacia el aparcamiento donde esperaba mi Nova. Cuando vi su morro bajo, casi me pareció que me miraba con gesto huraño: últimamente, el Nova y yo pasábamos mucho tiempo separados, como si fuéramos un piloto y un copiloto mal avenidos.

Apenas me había puesto al volante cuando escuché una llamada por la radio, que crepitaba quedamente en el asiento del acompañante. La voz del agente emitía, en el cuidadoso lenguaje de las comunicaciones por radio, una petición para que acudieran refuerzos a una pequeña licorería de Central Avenue, no lejos de donde yo me encontraba, en la que se habían oído disparos.

Pisé el acelerador a fondo.

Al oír la voz del agente por la radio, me asaltó una intuición. De lo más profundo de mi ser surgió una pequeña onda de choque y noté que me acaloraba.

No me sorprendió que el comercio donde se registraba el incidente no fuera una farmacia. Tanto si se había dado cuenta de que las recetas de Cicero eran un galimatías como si no, Marc no era tan tonto como para volver a intentar colarlas, por lo menos en las Ciudades Gemelas. Sin embargo, necesitaba dinero y por eso recurría a una profesión que conocía. «Le gusta hacerse el matón», había dicho Lisette.

Se había ocultado hasta el anochecer y luego había entrado en acción. Un golpe más y después se marcharía de la ciudad.

El morro del Nova salvó con un bamboleo el desnivel de la entrada del aparcamiento de la licorería. Delante de la tienda había sólo un coche patrulla.

La agente me miró y vi que era muy joven. De hecho, la conocía: era Lockhart, la que había aparecido en el canal en el que se había ahogado el niño y que luego me había llevado a la central para que prestase declaración. Entonces la acompañaba Roz, pero en esta ocasión no la vi por ninguna parte. Lockhart ya había aprobado su examen y podía patrullar sola, pero era evidente que no tenía ningún control sobre la situación.

Sin embargo, lo intentaba. Respondió a mi pregunta con un asentimiento breve, alzando deprisa la barbilla, y volvió la mirada hacia la tienda.

– Creo que ahí dentro tengo a un asaltante armado -explicó-. El único cliente dice que salió corriendo al empezar el tiroteo y cree que el atacante era un joven de raza blanca.

– ¿Dónde está el testigo? -inquirí.

– Allí, en la otra acera. Le he pedido que se quedara por aquí y luego he ordenado a gritos que todo el mundo sacara su coche del aparcamiento y se alejara.

Debía de tener una voz más potente de lo que su estatura daba a entender, porque un pequeño corro de testigos nos observaba y ninguno de ellos había intentado entrar en la zona que Lockhart había acotado.

– El cliente advirtió con el rabillo del ojo que el chico sacaba la pistola y echó a correr al momento -prosiguió la agente-. Oyó los disparos cuando llegaba a la puerta y asegura que no ha visto salir al atacante.

– ¿Y qué hay de los otros clientes? -quise saber.

– El testigo está seguro de que era la única persona que había ahí dentro -dijo Lockhart-. Salvo el dueño, que se hallaba detrás del mostrador.

– ¿ El dueño no ha salido?

Lockhart negó con un gesto. Llevaba el cabello recogido con unos pasadores detrás de las orejas, pero la pequeña coleta de la nuca osciló con el movimiento.

– Tal vez haya una salida trasera -apunté.

La tienda esta una especie de caja, con barrotes en las ventanas y carteles de la lotería de Minnesota detrás de los barrotes, pegados desde el interior. Compitiendo con esos carteles por la atención del transeúnte había anuncios de cigarrillos, cerveza, licores y tarjetas telefónicas. Mierda, no podía ver nada de lo que ocurría en el interior, en el caso de que ocurriese algo.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Indicio de culpa»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Indicio de culpa» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Ivy Compton-Burnett - The Last and the First
Ivy Compton-Burnett
Ivy Compton-Burnett - Elders and Betters
Ivy Compton-Burnett
Ivy Compton-Burnett - A God and His Gifts
Ivy Compton-Burnett
Ivy Compton-Burnett - A Family and a Fortune
Ivy Compton-Burnett
Jodi Compton - Hailey's War
Jodi Compton
Jodi Compton - 37 horas
Jodi Compton
Jodi Compton - The 37th Hour
Jodi Compton
Jodi Thomas - Indigo Lake
Jodi Thomas
Отзывы о книге «Indicio de culpa»

Обсуждение, отзывы о книге «Indicio de culpa» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.