Jodi Compton - Indicio de culpa

Здесь есть возможность читать онлайн «Jodi Compton - Indicio de culpa» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Indicio de culpa: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Indicio de culpa»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Sarah Pribek, una detective de Mineápolis especializada en desapariciones, protege la identidad de una amiga suya, Genevieve. Ambas persiguieron, encontraron y mataron a Royce Stewart, violador y asesino de la hija de Genevieve, en una trama en la que se vio involucrado el marido de Sarah, que se encuentra en la carcel. Nadie del departamento de policía entiende el extraño proceder de la detective, que está protegiendo a una criminal, y un inspector llega a la ciudad para investigarla… Una historia donde las cosas no tienen las motivaciones correctas, o al menos las que se presume que deberian ser.

Indicio de culpa — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Indicio de culpa», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– Shorty, cito sus palabras, me dijo que no sabía «una puta mierda». Yo no podía demostrar lo contrario. Después de eso, poco más podía hacer.

– De modo que mantiene su historia: fue en coche a Blue Earth, se vio un momento con Shorty en el bar y continuó hasta Mankato…

– En efecto -asentí. La mayor parte de lo que le había contado era verdad. La mentira era por omisión. Había permitido que Genevieve, que me había seguido a Blue Earth, fuese y viniese a su gusto, sin que nadie la viera, como una sombra malévola.

Diaz movió la cabeza como si estuviera decepcionado con un alumno que no rindiera como esperaba. Revolvió unos papeles de la carpeta y murmuró:

– Creo que esto es todo, por ahora.

Cuando me puse en pie, una pátina rojo grisácea me nubló la vista y el oído me dolió más que nunca.

– ¡Ah!, olvidaba una cosa -añadió él-. ¿Sabe de algún motivo por el que alguien pueda afirmar que la vio con su coche delante de la casa de Stewart la noche en cuestión?

Yo me había detenido, tratando de aclarar la visión. La pregunta de Diaz no contribuyó a calmarme. «Domínate -me dije-. Respira.»-Debe de haber bastantes mujeres parecidas a mí que conducen un Nova de 1970 -aduje. La neblina rojiza se desvaneció y los colores del mundo reaparecieron.

– Ya -comentó Diaz-. Gracias por su ayuda, detective Pribek.

Esta pregunta, la de «¿Sabe de algún motivo…?», es un clásico de los investigadores. Da a entender que existen testigos, pero no llega a afirmarlo abiertamente. Se espera que el sujeto interrogado caiga en la trampa y empiece a ofrecer excusas fáciles y manifiestas falsedades que confirmen lo que el investigador sólo sospechaba.

Pero saber que era una táctica no mermaba su fuerza. Si Diaz disponía de más pruebas, ya las habría sacado, me dije en el baño, donde acababa de engullir dos analgésicos y me había enjugado la cara, con buen cuidado de que no me entrara agua en el oído.

Cuando levanté la cabeza y me miré en el espejo, vi mis pálidas facciones brillantes de sudor y de agua. Me había mojado los mechones de cabello más cercanos a la cara. Salvo por la ropa de trabajo y la pistolera en el hombro, parecía una tísica del siglo xix salida de una sala de hospital de caridad. Contemplé mi propia imagen y me enfrenté a la peor decisión que tendría que tomar en todo aquel día: debía acudir a la consulta de un médico.

Los expertos de aviación insisten en que estás más seguro en el aire que si te quedas en tierra. Las estadísticas lo confirman, pero en cualquier terminal de aeropuerto verás a algún pobre desgraciado sentado en una silla de plástico con los codos en las rodillas, las manos colgando, los pies plantados en el suelo y la cabeza gacha. Es casi una postura de plegaria, como si el tipo se dispusiera a hacer lo más peligroso que se conciba. Y, en la cabeza del que tiene fobia a volar, no cabe duda de que lo es.

Las fobias son así. No importa que el miedo sea irracional. En ocasiones, el instinto del peligro atenaza la mente sin una razón concreta y se niega a sosegarse a pesar de las estadísticas más tranquilizadoras o de las seguridades que pueda ofrecer cualquiera. Para mí, el equivalente de la terminal de aeropuerto es la sala de espera de la consulta de un médico. A las cinco menos cinco entré en la recepción de la clínica, di mis datos y asumí la postura que antes describía. Notaba los brazos y las piernas pesados y sin fuerzas, como si tuviera agua en el depósito de carburante. A mi izquierda, un hombre corpulento vestido con un mono de trabajo y que llevaba un móvil salpicado de pintura en el cinturón contemplaba el tráfico por la ventana.

La puerta que conducía a las consultas se abrió y apareció una enfermera.

– ¿Washington? -preguntó.

El pintor se puso en pie y avanzó hacia la puerta. Suspiré de alivio, como si me hubieran concedido un aplazamiento de la condena.

Miré por la ventana. En los boletines de noticias de la radio anunciaban un tiempo cargado y tras los cristales ya se apreciaban las nubes amarillentas en el horizonte. Todavía estaban lejos.

Volvió a abrirse la puerta.

– ¿Pribek? -preguntó la enfermera.

No levanté la cabeza. Me limité a observarla tras la cortina de cabellos que me ocultaba el rostro y la mujer no estuvo segura de si la miraba o no.

«Por el amor de Dios, ¿qué estás haciendo? Levántate.»-¿Sarah Pribek? -repitió la enfermera.

Me levanté. Las piernas apenas me sostenían cuando, sin llegar a cruzar una mirada con ella, me volví hacia la puerta de salida, la que llevaba al mundo exterior. Pisé el rodapié de goma y la puerta se abrió automáticamente. Creí que las rodillas iban a fallarme en cualquier momento y casi esperé que se produjera algún intento de retenerme: que la enfermera se pusiera a gritar, «¡por ahí va!», y que apareciesen refuerzos para reducirme y devolverme a la consulta.

Sin embargo, no sucedió nada de eso y pronto me encontré de nuevo bajo los rayos del sol de media tarde. Mis piernas recuperaron cierta firmeza y empecé a caminar más deprisa, hasta llegar al coche.

Pasé dos horas en casa, calentando toallas en la secadora y aplicándomelas en el oído.

Entonces, se me ocurrió una idea.

Capítulo 8

– ¡Que aspecto tan distinto traes! -exclamó Cisco.

Me había puesto los vaqueros más viejos, unos que de tan gastados parecían casi terciopelo, el jersey de rayas azul y naranja de Shiloh y unas zapatillas de baloncesto con calcetines gruesos. Cisco me estudiaba desde el otro lado de la puerta, abierta sólo lo que la cadena daba de sí, y tan pronto hubo hablado, advirtió que tal vez la situación no era para tomarla a la ligera.

– ¿Te encuentras bien? -preguntó.

– No -respondí-. ¿Puedo entrar?

Lo mismo que la vez anterior: Cisco cerró la puerta, desenganchó la cadena y retrocedió con la silla de ruedas para que entrase. Entonces preguntó:

– ¿Qué te ocurre?

– El oído me está matando -le expliqué-. Dijiste que a lo mejor empezaría a dolerme y así ha sido, hace un par de días. Lo que ocurre es que no estoy segura de que sólo se deba al resfriado, porque la semana pasada me metí en un canal de desagüe. Sumergí la cabeza, quiero decir. Era agua sucia.

Me extendí en explicaciones porque tenía mucho miedo de que me despachase sin visitarme y quería ofrecerle todo tipo de información que pudiera serle útil.

– ¿Podrías echarle un vistazo? -concluí.

– Vamos, siéntate en la mesa de exploración.

Lo hice mientras él buscaba mi historial en el archivador, se lavaba las manos y sacaba el equipo. No comprendía por qué en el apartamento de Cisco no pasaba tanto miedo como en una clínica, pero allí, aunque no estaba del todo relajada, al menos controlaba los nervios.

Cisco me tomó la tensión como la vez anterior y dijo:

– La tienes un poco alta. -Me puso un dedo en la muñeca, buscando el pulso radial, y anotó algo en su bloc amarillo. Después, sacó el otoscopio de la arqueta-. ¿Qué oído? -preguntó.

– El izquierdo -respondí.

Cuando introdujo la pequeña punta roma del instrumento en la oreja, di un pequeño respingo.

– Tranquila -dijo.

Cerré los ojos y traté de relajarme. El aliento de Cisco movía las mechas sueltas de cabello que me caían en el hombro.

Cisco retiró el instrumento, retrocedió un poco y vi que su expresión había cambiado.

– Si mal no recuerdo, te dije que si empezaba a molestarte debías ir a que te viera un médico.

– Lo sé.

– ¿Por qué no lo has hecho?

– Pensaba que se me pasaría solo -respondí sin convicción.

– Pues ya has visto que no -replicó Cisco-. Llegado este punto, hay que hacer una punción en el tímpano.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Indicio de culpa»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Indicio de culpa» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Ivy Compton-Burnett - The Last and the First
Ivy Compton-Burnett
Ivy Compton-Burnett - Elders and Betters
Ivy Compton-Burnett
Ivy Compton-Burnett - A God and His Gifts
Ivy Compton-Burnett
Ivy Compton-Burnett - A Family and a Fortune
Ivy Compton-Burnett
Jodi Compton - Hailey's War
Jodi Compton
Jodi Compton - 37 horas
Jodi Compton
Jodi Compton - The 37th Hour
Jodi Compton
Jodi Thomas - Indigo Lake
Jodi Thomas
Отзывы о книге «Indicio de culpa»

Обсуждение, отзывы о книге «Indicio de culpa» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.