José Somoza - Silencio De Blanca

Здесь есть возможность читать онлайн «José Somoza - Silencio De Blanca» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Silencio De Blanca: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Silencio De Blanca»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Ganadora del XVIII Premio La Sonrisa Vertical, en 1996. Hector es un maduro y solitario profesor de piano, es, ademas, un maestro de la transfiguracion erotica que le lleva a recrear criaturas que, en ocasiones, forman parte de la realidad, como su aplicada alumna Elisa quien va cediendo a sus perversas insinuaciones. Sin embargo, es una misteriosa joven, Blanca, con la que ira inventando y poniendo en escena todas las ceremonias que el deseo les ordena celebrar. Precisa y turbadora. Una gran novela que confirma a un autor en estado de gracia.

Silencio De Blanca — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Silencio De Blanca», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Reconozco que Blanca y yo no podemos prodigarnos, únicamente los sábados, sólo entonces. Sin embargo, una vez conocido el ritual, la espera se hace difícil.

Vivimos a ciegas,.aguardando ese momento. Hemos construido un mundo hermoso pero insoslayable como el amanecer diario: el hecho de ansiarlo con tanta intensidad no lo hace más fácil, tan sólo más deseado. Pero la espera es demasiado larga..

Para compensar, hace días que dudé frente al teléfono entre dos opciones y me decidí por la más sencilla: la otra consistía en continuar con la aspereza de la soledad y de los sueños. Sin embargo, incluso mientras dudaba mis dedos comenzaban a marcar el número escrito en mi agenda. Una voz elegante, mecánica al principio y femenina en el extremo final, me informa de que aquello es el gabinete tal de la calle cual, y me pide que deje un mensaje. No la obedecí y colgué.

Una hora después volví a llamar: esta vez contestó la secretaria. Hubo una breve pausa y oí su voz por fin.

– No sé si la estoy molestando -me identifiqué.

– En absoluto -dijo ella.

Oyéndola invoqué de golpe la imagen de su cintura estrangulada, casi hasta el límite de la respiración según me parecía, por un amplio cinturón de hebilla dorada.

– Pensé que podríamos vernos esta semana -se lo dije así-Hablaríamos de Lázaro.

– Esta semana va a ser difícil: tengo todas las tardes ocupadas.

– ¿Y las noches? -repliqué.

– ¿Cómo dice?

– Podríamos cenar algo por ahí una de estas noches… Hablaríamos de Lázaro, pero tambi~n de música.

La oí reír: una risa breve, como una exclamación, una palabra en otro lenguaje. En todo caso, algo que no me importó. Acaricié mis ojos mientras esperaba una respuesta. Voy a confesar el secreto: creo que fue esa indiferencia lo que me otorgó el éxito. De repente descubrí que todo en el mundo es muy fácil cuando no nos importa demasiado: el interés que ponemos en hacer las cosas es la mayor dificultad para hacerlas, Héctor Hernando dixit .

– Bien -dijo secamente, como para sí misma, al cabo de unos segundos.

Volvimos a llamarnos algo más tarde: le expliqué que conocía una cervecería cercana a su consulta e insistí en que allí se cenaba muy bien, lo que provocó de nuevo su risa. Sin embargo, aceptó. No me sorprendí sino hasta mucho más tarde, cuando la sorpresa había perdido ya la novedad y sólo quedaba de ella su carácter extraño, casi sospechoso. Pero creo que Verónica me ofreció una explicación satisfactoria de su docilidad.

Quedamos ayer jueves, y fui puntual: ella terminaba la consulta a las ocho, y la esperé fuera, como la vez anterior. Salió a la hora acordada pero inició el camino de siempre sin detenerse a buscarme. Supuse que se había olvidado de la cita. Sin embargo, vestía uniforme de cena íntima, verdaderamente sexy: una pieza color turquesa muy ceñida, chaqueta larga con botones dorados y zapatos turquesa a juego de tacón alto. No llevaba medias y el vestido, tan escaso, desnudaba pasmosamente sus piernas. Me intrigó su aspecto, casi me asustó, así que por un momento me limité a seguirla sin interferir con su ignorancia aparente. De improviso ella se detuvo y yo me adelanté: me gusta pensar que ambas cosas sucedieron simultáneamente.

– Hola, estaba buscándole -mintió.

La verdad es que casi me gustó que mintiera. Además, percibí otro detalle que,también me agradó: por estúpido que pueda parecer me daba cuenta repentinamente de que no era hermosa. Su cuerpo excitaba, es cierto, pero la exageración de su figura y de sus rasgos lo presidía todo. Me tranquilizó hallarla tan carnal: pensé que ella era una mujer y yo un hombre, y que nadie soñaría con nuestros ojos, ni con la silueta de nuestros labios; nadie podría convertir nuestro encuentro en poesía ni lo complicaría con falsos recuerdos. No: jamás haríamos historia, yeso me devolvió el interés por proseguir. Tan diferente de Blanca y de todo lo que significaba que me felicité por la adecuada decisión: de vez en cuando es bueno tomar tierra.

En la cervecería, plagada de oscuridad como la cafetería de nuestro primer encuentro, Verónica repitió el número de despojarse de la chaqueta con un gesto breve y veloz; se sentó y cruzó las piernas, y yo no hice nada por disimular la mirada fija en sus muslos desnudos por completo. Otras miradas a nuestro alrededor también la asediaban.

– Eres un tío curioso -me dijo, tuteándome de improviso-: a primera vista pareces romántico y tímido, pero después resulta que no.

– ¿Y cómo soy?

La infatigable uña del pulgar entre sus dientes. Sus ojos eran dos sonrisas.

– Aún no te he clasificado. Ya veremos.

Pedimos dos jarras de Guinness porque insistí en que la comida que servían allí era mucho mejor con cerveza negra. Pero aún era temprano para comer, así que las bebimos y pedimos dos más: ella introdujo los dedos entre su pelo rizado, mucho menos negro que la cerveza, y apoyó los codos en la mesa; sus labios se extendieron más, en una sonrisa constante. Hablamos de Lázaro, por supuesto, pero no le oculté que mi principal deseo era estar con ella. Hablé poco, y sin embargo todo lo que dije fue verdad, aun cuando ella esgrimió el inevitable tema de la soledad y lo dirigió hacia mí de refilón, haciendo hincapié en mi vida de soltero cuarentón junto a un hermano de dieciocho años recién estrenados. Fue entonces cuando se atrevió a dar un paso más:

– ¿Y tú? ¿ Estás solo?

– ¿Solo? -la había entendido, pero las preguntas directas me vuelven precavido.

– ¿Sales ahora con alguien? -tradujo.

– Sí.

Hubo una interrupción durante la que ambos bebimos cerveza. Ella dejó en el aire una curiosidad sin expresar y me obligó a responder sin preguntas.

– Pero no es nada serio. No mantenemos ninguna relación especial.

– No tienes que disculparte.

Sonreí: la charla estaba adoptando esa seriedad artificial de las conversaciones que nunca se recuerdan. Creo que Verónica advirtió algo trágico en mí y quiso emularme instantáneamente mostrándome su propia tragedia. La niebla negra del alcohol lo exageró todo, le otorgó a cada tema la emoción tonta que provocan las cebollas peladas: nos hubiera venido muy bien llorar a ambos, según creo, pero ni siquiera teníamos una buena excusa. Algo sí descubrí: íbamos a la deriva de muchas cosas, yo rehuyendo las experiencias y ella aceptando demasiadas.

– Creo que somos niños frustrados -dijo-. Todos lo somos.

Parecía tener la necesidad perentoria de jugar con algo mientras hablaba, ya mí me hipnotizaban como péndulos sus dedos largos de uñas recortadas: esta vez fue su encendedor de metal, uno tan bello que casi parecía ridículo cuando despuntaba la llamita triangular bajo la tapa, con el que ejecutó variados ejercicios durante la velada. Poco a poco, con el avance lento de la noche, el humo comenzó a ganarle terreno a las palabras dentro de sus labios: apartó para siempre los ojos de mí, y fue entonces cuando estuve seguro de su deseo de mirarme; tenía la vista brillante, acuosa, perdida por encima de mi cabeza: aprecié por primera vez una palidez verde en sus pupilas; también observé, en otro sentido, los diminutos adornos de lunares por todo el recorrido de sus brazos desnudos y fuertes: su cuerpo era una de esas anatomías reales, físicas, que casi se tocan con sólo contemplarlas; las sombras de sus brazos se curvaban sobre la infatigable redondez de los pechos.

Me habló con admirable brevedad de un divorcio ya remoto, y de su experiencia fatigosa en los terrenos de la relación. Ahora estaba en duda sobre si continuar con el hombre con quien salía, pero no me ofreció detalles.

Creo que mi silencio le atrajo más que cualquier otra cosa, o quizás no soportaba que no replicase largamente a sus palabras: posiblemente todo en ella eran preguntas ocultas. Así que me dijo:

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Silencio De Blanca»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Silencio De Blanca» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


José Somoza - Clara y la penumbra
José Somoza
Jose Somoza - Art of Murder
Jose Somoza
José Somoza - El Cebo
José Somoza
José Somoza - La Caja De Marfil
José Somoza
José Somoza - Dafne desvanecida
José Somoza
José Somoza - Zigzag
José Somoza
Manuel José Fernández Márquez - El silencio es la música del alma
Manuel José Fernández Márquez
Jack London - El silencio blanco
Jack London
Отзывы о книге «Silencio De Blanca»

Обсуждение, отзывы о книге «Silencio De Blanca» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.