Orhan Pamuk - Me Llamo Rojo
Здесь есть возможность читать онлайн «Orhan Pamuk - Me Llamo Rojo» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:Me Llamo Rojo
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:5 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 100
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
Me Llamo Rojo: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Me Llamo Rojo»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
Me Llamo Rojo — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Me Llamo Rojo», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
– ¿Tu padre no quería que te casaras conmigo? -me preguntó Negro.
– No, porque, como ya sabes, temía que me llevaras a algún lugar lejos de él. Ahora, en la situación en que nos encontramos, mi pobre padre no pondría la menor objeción a que nos casáramos. ¿Tienes tú alguna?
– No, hermosa mía.
– Bien. Mi tutor no va a reclamarte dinero ni oro. Te pido disculpas por la desvergüenza que supone que hable de las condiciones matrimoniales en mi propio nombre. Pero, por desgracia, hay algunas condiciones cuyos detalles me veo obligada a tratar de inmediato.
Estuve callada un rato hasta que Negro dijo «Sí» con aspecto de estar disculpándose por haber tardado en responder.
– Primero -comencé-, jurarás ante dos testigos que si me tratas tan mal que no puedo soportarlo más o que si te casas con otra, se considerará motivo de divorcio con pensión.
Segundo, jurarás ante dos testigos que si abandonas el hogar y no regresas durante más de seis meses con razón o sin ella, yo me consideraré libre y me pagarás una pensión. Tercero, por supuesto después de la boda te mudarás a mi casa, pero mientras no se encuentre, o tú no encuentres, al miserable que asesinó a mi padre, ¡me gustaría torturarle con mis propias manos!, y no termines el libro de Nuestro Sultán empleando toda tu habilidad y tu esfuerzo y no se lo entregues honorablemente, no compartiremos la misma cama. Cuarto, querrás a mis hijos, que sí comparten esa cama conmigo, como si fueran los tuyos propios.
– Muy bien.
– De acuerdo. Si todos los obstáculos que hay ante nosotros desaparecen con tanta rapidez, pronto estaremos casados.
– Casados, puede, pero no en la misma cama.
– Lo primero es el matrimonio -le respondí-. Primero encarguémonos de eso. El amor viene después. Recuerda: el fuego del amor que prende antes de casarse se apaga en la barrica del matrimonio y después sólo queda un solar triste y vacío. El amor que sigue al matrimonio también se acaba, por supuesto, pero su lugar lo ocupa la felicidad. A pesar de eso hay algunos estúpidos apresurados que se enamoran antes de casarse y que agotan su amor enardecidos. ¿Por qué? Porque creen que el mayor objetivo de la vida es el amor.
– ¿Y cuál es?
– La felicidad. Tanto el amor como el matrimonio sirven para alcanzarla: un marido, un hogar, hijos, un libro. ¿No te das cuenta de que incluso alguien en mi situación, con su marido desaparecido y su padre muerto, está mejor que tú con tu áspera soledad? Si no tuviera a mis hijos, con los que me paso el día riendo, peleándome y amándoles, me moriría. Y tú, que tanto me deseas a pesar de mi situación, y que te mueres de ganas de vivir bajo el mismo techo que el cadáver de mi padre y mis hijos, aunque no pases las noches en la misma cama que yo, vas a escuchar lo que voy a decirte ahora prestándome toda tu atención.
– Te escucho.
– Existen muchas maneras para poder divorciarme. Testigos falsos pueden declarar bajo juramento que vieron cómo mi marido me daba palabra de divorcio condicionado antes de salir para la campaña, por ejemplo, que juró que si no volvía de la guerra en dos años su esposa podía considerarse libre. O bien, y de una forma más directa, pueden jurar que vieron el cadáver de mi marido en el campo de batalla y describirlo con pelos y señales. Pero, si tenemos en cuenta el cadáver que hay en casa y las objeciones de mi suegro y mi cuñado, usar testigos falsos puede ser un medio peligroso porque cualquier cadí inteligente y precavido tendría miedo y no se arriesgaría a aceptar su testimonio. Y los cadíes hanefís como nosotros no me concederán el divorcio ni siquiera teniendo en cuenta que mi marido me dejó sin pensión y que lleva cuatro años sin regresar de la guerra. Pero el cadí de Üsküdar, para que las mujeres en mi situación, cada día más numerosas a causa de la guerra con los persas, tengan una oportunidad de divorciarse, a veces permite que le sustituya un shafií, con el secreto beneplácito de Su Majestad el Sultán y el Seyhülislam, y éste nos divorcia con toda rapidez y nos concede una pensión. Si ahora encontráramos dos testigos honestos que pudieran testificar a mi favor, si les diéramos algo de dinero y pasáramos a Üsküdar, si pudiéramos concertar una cita con el cadí y lográramos que en su lugar estuviera el sustituto para que me divorciara, si consiguiéramos que lo hiciera gracias a esos testigos, que registrara el divorcio en el libro, si nos diera algún papel, un documento, y lográramos justo después del divorcio que otro cadí nos diera otro documento certificando que es legal que me case de nuevo y podemos hacer todo eso antes de esta tarde y pasamos a esta orilla, no sería nada difícil que encontráramos un imán que nos casara al anochecer y esta noche podrías quedarte convertido en mi marido bajo el mismo techo que mis hijos y yo y así nos librarías de pasar la noche temblando cada vez que hubiera un ruido en la casa por miedo a aquel diablo y de que yo apareciera ante el resto del mundo como una pobre mujer que no tiene quien la proteja cuando por la mañana anunciemos la muerte de mi padre.
– Sí -respondió Negro optimista y de manera un tanto infantil-. Sí. Te acepto.
Hace un momento dije que no sabía por qué hablaba con Negro con aquel tono tan despectivo y tan poco sincero. Ahora lo sé: al parecer me daba cuenta de que sólo usando ese tono podría convencer a Negro, cuya indecisión había tenido la oportunidad de conocer cuando éramos niños, de cosas de las que yo a duras penas podía convencerme que pudieran llegar a ser realidad.
– Hay mucho más que tendremos que hacer contra nuestros enemigos, contra aquellos que afirmarán que no son válidos ni mi divorcio ni el matrimonio que celebraremos esta tarde si Dios quiere, contra aquellos que hicieron tanto daño a mi padre para que no acabara su libro, pero ahora no quiero confundirte más de lo que yo misma estoy.
– No estás en absoluto confusa -replicó Negro.
– Porque todo esto no son ideas mías, sino cosas que aprendí de mi padre hablando con él a lo largo de los años -le respondí para que no pensara que eran todo ideas que habían salido de mi cabeza femenina y creyera lo que le decía.
Entonces Negro me dijo lo que me han dicho todos los hombres que me han encontrado inteligente y han sido capaces de confesármelo a la cara:
– Eres muy hermosa.
– Sí. Y me gusta mucho que elogien mi inteligencia. Cuando era pequeña mi padre lo hacía a menudo.
Estaba a punto de decir que en cuanto crecí y me hice mayor había dejado de hacerlo cuando me eché a llorar. Mientras lloraba me daba la impresión de que me había convertido en una mujer distinta que había surgido de mi interior y se había separado de mí y, como el lector que se aflige mirando una ilustración triste de una página de un libro, yo veía mi vida desde fuera y sentía pena de mí misma. Hay algo tan inocente en que una llore por sus propios problemas como si fueran los de otro, que cuando Negro me abrazó nos invadió una sensación de dulzura. Pero esta vez la sensación permanecía entre nosotros sin que llegara al mundo de los enemigos que nos rodeaban.
33. Me llamo Negro
Cuando mi viuda, huérfana y triste Seküre se alejó con pasos ligeros como plumas, me quedé rodeado por el silencio de la casa del Judío Ahorcado con el perfume de almendras y los sueños de matrimonio que me había dejado. Mi mente estaba absolutamente confusa pero funcionaba a una velocidad que casi me provocaba dolor. Yo también regresé corriendo a mi casa sin ni siquiera poder lamentar lo suficiente la muerte de mi Tío. Por un lado me corroía el gusano de la sospecha de que Seküre me estaba engañando y utilizándome como parte de una enorme conspiración, y por otro los sueños de un matrimonio feliz no desaparecían de mi vista.
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «Me Llamo Rojo»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Me Llamo Rojo» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «Me Llamo Rojo» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.