Array Array - Atlas de geografía humana
Здесь есть возможность читать онлайн «Array Array - Atlas de geografía humana» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на русском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:Atlas de geografía humana
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:3 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 60
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
Atlas de geografía humana: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Atlas de geografía humana»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
Atlas de geografía humana — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Atlas de geografía humana», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
—Está claro que ya no son amigas…
—Está claro —admití, notando con alivio los efectos del rutinario catálogo de insultos que había soltado sin detenerme a respirar siquiera, y que empezaba, a desalojar un pesado estanque de agua sucia de mi interior—. Hace ya muchos años que dejamos de serlo. La novedad es que, a partir de hoy, somos más bien enemigas. O, mejor dicho, que estamos a punto de empezar a serlo, porque no la aguanto y voy a tener que cargar con ella todos los días… Por eso me he peleado con Miguel. Me ha venido esta mañana con que Mari Pili…, bueno, mi marido siempre la llama así y yo me apunté al diminutivo hace muchos años, en fin, que su mujer tiene una especie de crisis, que está triste y como desorientada, que no sabe lo que quiere ni lo que le pasa. O sea que, por una vez, ha sucumbido a la vulgaridad y está igual que todo el mundo, igual que yo, por lo menos. Lo han estado hablando, y se les ha ocurrido que lo que necesita es trabajar. ¿Se da cuenta? Trabajar, así, por las buenas, como si fuera lo mismo que pasar una temporada en un balneario. María Pilar necesita trabajar, eso me ha dicho. Y aunque él tiene un departamento entero para él solo, aunque hace doce o trece libros de texto cada año, no ha tenido una idea mejor que endosármela a mí, porque como es una mujer y yo trabajo con mujeres… —tenía el mechero en la mano, y lo encendí sin motivo, oprimiendo el pulsador con el dedo pulgar hasta que el metal empezó a quemar, pero ni siquiera así logré tranquilizarme—. Es que es la hostia, vamos, pero la hostia, no sé… Estoy harta, de verdad, harta. A veces tengo la impresión de que nadie nos toma en serio, de que somos una especie de Chicas de la Cruz Roja en versión editorial, y tiene cojones, desde luego… —volví a encender el mechero y esta vez me quemé, y lo hice aposta—. Perdóneme. No he querido hablar tan mal.
—No importa.
—Ya me lo imagino, pero no me gusta.
—Porque le molesta perder el control —sugirió.
—Desde luego —a veces pensaba que si el mérito de un psicoanalista consiste en sacar ese tipo de conclusiones, tenía la vida resuelta aunque no volviera a hacer un libro en toda mi vida—. A todo el mundo le molesta, ¿no? —hice una pausa, pero ella no quiso añadir nada—. De todas formas, en este momento he formado un equipo con mujeres por puro accidente. Me costó Dios y ayuda fichar a la documentalista, Ana, que es la mejor editora gráfica de todo el grupo. Se la quité a mi hermano Antonio en el último momento. La coordinadora, Rosa, había trabajado conmigo muchas veces, como redactora, como correctora, como traductora. Hace de todo, y lo hace bien, así que no se me ocurrió nadie mejor para que controlara la edición. El tratamiento informático se lo encargué a un hombre, sin embargo, Ramón Estévez, un tío estupendo, listísimo, pero que anda siempre muy sobrecargado de trabajo y no podía hacerse cargo de un proyecto más. Por eso me recomendó a Marisa Robles, una de sus ayudantes, y la verdad es que no me hizo ninguna gracia renunciar a él, que acepté a Marisa de mala gana, eso lo reconozco, y sin embargo, todo ha funcionado estupendamente. Hasta el punto de que lo único que tengo claro es que, pase lo que pase después del Atlas que estamos haciendo ahora, voy a intentar quedarme con ella para siempre, porque tener a un buen informático a mano es un verdadero lujo. Pero igual que le digo esto, le digo que si Ramón me hubiera recomendado a un hombre, lo habría contratado sin dudar, créame. He trabajado con muchísimos hombres hasta ahora, y no he tenido más problemas con ellos que con las mujeres. Y con cualquiera, por supuesto, menos problemas de los que voy a tener con Mari Pili, eso seguro…
—¿Y por qué la ha aceptado? —parecía sinceramente sorprendida.
—Pues porque soy imbécil, así de claro… Porque Miguel me ha convencido de que meterla de buenas a primeras en su propio departamento resultaría escandaloso, porque me ha jurado que en cuanto pueda se la llevará a trabajar con él, porque sabe de sobra que vamos de culo y que nos vendría muy bien un ayudante que haga de todo, yo qué sé… He conseguido retrasar su incorporación un par de meses, hasta que empecemos un nuevo tomo, a ver si se hace defensora de las focas y se le olvida, o si nosotras, por lo menos, podemos ir haciéndonos a la idea. Al final he
pactado que mi cuñada pasará dos semanas trabajando con Rosa, dos semanas con Ana, y cuatro semanas con Marisa, porque los ordenadores son lo que más le interesa, ya ve, si lleva uñas de medio metro, qué le va a interesar a esa imbécil… Y cuando se lo he contado, se me han puesto contentas, claro, sobre todo Marisa, que se lleva la peor parte, porque la verdad es que estamos agobiadas de trabajo, y lo que nos faltaba era precisamente esto. Total, un desastre. Tendría que haber mandado a Miguel a la mierda, amenazar con colocarle a cambio a cualquiera de mis sobrinos en su libro de Lengua, negarme en redondo a cargar con Mari Pili, pero me ha pillado en un mal día, y eso es lo malo de mi hermano, que no se cansa jamás de discutir, y yo no sé estar una hora y media chillando y él sí…
Entonces callé, y la miré a los ojos, y encontré en ellos exactamente lo que esperaba. Desde que, en el preciso comienzo de la primera sesión, le advertí que prefería que no me preguntara nada, solamente se atrevía a interrumpirme para pedirme alguna aclaración trivial, o para glosar mis propias palabras. Las preguntas importantes, sin embargo, asomaban a sus ojos con tanta claridad como si pudiera escribirlas con alguna tinta mágica en el borde de sus párpados. Nuestras sesiones se habían ido convirtiendo poco a poco en un misterioso diálogo entre una voz que hablaba y otra que callaba, pero acertaba a expresarse siempre con silencios rotundos, más eficaces que cualquier sílaba. Aquella voz me preguntaba ahora por qué había tenido un mal día, y había sido tan malo de verdad, que me sometí a su voluntad sin calcular muy bien los efectos de mi respuesta.
—Estoy muy mal —admití, como un mínimo preámbulo—. Hace dos días le conté a mi marido que me estoy psicoanalizando.
Me pareció captar un fugacísimo destello de luz en sus pupilas, un inaudito síntoma de emoción que se extinguió muy pronto, sin embargo, en el acento neutro, convencionalmente profesional, que adoptó
para formular una pregunta inevitable, a la que mi raro acceso de sinceridad le daba cierto derecho.
—¿Y cómo reaccionó él?
—Me dijo que él creía que nosotros no hacíamos esta clase de cosas.
Eso fue exactamente lo que dijo, yo creía que nosotros no hacíamos esa clase de cosas, y se desmoronó en una esquina del sofá, echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos, para cambiar en un instante el signo de aquella escena, mi valerosa confesión deshinchándose hasta encajar en los mediocres límites de una inconveniencia, un error de cálculo, un comentario desafortunado e irreparable ya, otro desastre. Mi mirada vagó entre las familiares esquinas del salón de mi casa como si demarcaran un paisaje jamás visitado hasta entonces y después se hundió en mí misma, en mi vientre cansado, súbitamente atormentado por la inclemencia de mis propios ojos. La desnudez se me antojó de repente un estigma de mi propia decadencia, el eco de un clarín tardío que avisa de la ruina de un edificio cuyos muros se precipitan ya hacia el suelo, cayendo sin control en un violento estrépito de asombro y polvo. Como una Eva improvisada pero consciente, apenas fui expulsada del Paraíso corrí al dormitorio en busca de cualquier cosa que sirviera para cubrirme. Cuando regresé al salón, envuelta en un albornoz que ocultaba la ropa interior en la que había buscado una dosis suplementaria de seguridad, él todavía no había abierto los ojos.
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «Atlas de geografía humana»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Atlas de geografía humana» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «Atlas de geografía humana» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.