Ignacio había pegado un salto de alegría y se acordó de uno de los párrafos que Moncho le dedicó a raíz de su estancia en Gerona: "Sí, soy analista. Mi idea es estudiar bichitos en el microscopio. Ahí dentro se esconde la verdad. Hay personas que por la calle parecen atletas; analizas su orina y su sangre y piensas: dentro de seis meses, la muerte. Los analistas somos la policía secreta de los demás".
Su mujer, Eva -Matías comentó: "No entiendo que digáis su mujer, puesto que es su amante, contra lo que no tengo nada que objetar"-, se ganó a todo el mundo en poco tiempo. Era judía, lo que añadía un picante a su condición, especialmente, por ejemplo, para Manolo y Esther. Se instalaron en un piso de la calle de Ciudadanos, vecino al hotel del Centro, donde seguían hospedándose el cónsul británico mister Edward Collins y el cónsul alemán Paúl Günther. Eva era una mujer culta. Estudió química -lo que constituía un refuerzo para la labor de Moncho-, hasta que los bandazos de la política en su país, Alemania, la llevaron, sola, sin sus padres, a Barcelona. Sus padres habían desaparecido en una razzia efectuada por las SS y no consiguió saber nada de ellos, temiendo siempre lo peor. Al igual que otros tantos judíos, el único refugio que se puso a su alcance fue España. Y en España encontró a Moncho, y ahora vivía con él cerca del río Oñar y a la sombra de sus dos hermosos campanarios. Eva y Moncho se querían mucho y ella aprendía día a día el idioma castellano, con tesón admirable. Aunque Moncho le decía: "No pierdas nunca tu acento alemán, que te añade mucho encanto".
Marta congenió con Eva, a condición, naturalmente, de no hablar de la guerra. Porque Marta deseaba la victoria de Alemania y Moncho y Eva lo contrario. Marta estaba a favor de las teorías de Hitler, con algunos matices; en cambio Eva, que no era como las muchachas nazis que visitaron Gerona y que se tomaron tanto jugo de limón, sino de aspecto débil y asustadizo, estaba en contra de Hitler y de todo lo que éste predicaba en Mi lucha. Moncho y Eva, cuando Marta no estaba presente, protestaban de la ayuda que España prestaba a Alemania. Hitler tenía permiso para el abastecimiento de los submarinos alemanes en el puerto de "go; los aviones meteorológicos alemanes podían volar con distintivos españoles y la estación de radio de La Corana trabajaba Para la Luftwafe; se creaban cátedras de alemán en las universidades españolas; se organizaban exposiciones del libro alemán, una de ellas en Gerona, en el feudo de Ricardo Montero; en diversas fábricas españolas se producían cartuchos, motores, piezas de artillería, uniformes, paracaídas para el Reich; bases para la aviación en Badajoz, Vigo, Sevilla, Vascongadas y Galicia; etcétera. Todo ello pese a que, según mister Collins, el plan de Alemania era convertir España en un país agrícola, en una colonia agrícola y minera de la Alemania poderosa e industrial.
Marta, que por supuesto estaba enterada de todo esto, le preguntaba al camarada Montaraz si ello era cierto. Y el camarada Montaraz le contestaba que sí, y que había mucho más. En las islas Canarias, que eran un punto estratégico de suma importancia, en los edificios de la compañía alemana Bloom und Voss se almacenaban piezas de recambio para los submarinos. "Te das cuenta, Marta? Los submarinos alemanes, en esta guerra, cumplen una misión de primer orden. Pues bien, en Tenerife existe un arsenal secreto y las tripulaciones se reponen en tierra, mientras los oficiales son invitados por familiares falangistas".
A cambio de esto, las reivindicaciones españolas eran Gibraltar, el Marruecos francés, la parte de Argelia colonizada y habitada por españoles y las colonias situadas en el golfo de Guinea.
Eva no comprendía que Inglaterra, que de sobra debía estar enterada de lo que ocurría, concediera a Franco un enorme crédito de libras esterlinas para la compra de víveres y de materias primas. Manolo la sacó de dudas. Manolo sabía de buena tinta que unas semanas antes, en febrero, los Estados Unidos habían dirigido una verdadera acusación contra Franco, pero que éste no ignoraba tampoco que Churchill era hostil a toda intervención. Más aún, el "miope" Churchill había presionado a Washington para que renovara el envío de petróleo a España, al tiempo que Gran Bretaña se disponía a importar de España productos agrícolas. Por si algo faltara, Moscú había hecho saber que "no le interesaba por el momento la península Ibérica, sino más bien un ataque a fondo de los aliados contra el Reich en su fortaleza del Atlántico".
Marta, cogida entre dos fuegos, estaba por otra parte convencida de ejercer una gran labor, aunque esto la obligase a dejar demasiado sola a su madre. Soltera? Tal vez sí. La Sección Femenina exigía darlo todo. No eran feministas y colaboraban con los hombres. " La Unificación no nos gustó -decía Marta-, pero comprendimos que había que unirse para ganar la guerra". "Se nos ataca diciendo que sólo enseñamos a coser y cocinar. No es cierto. En los ambientes rurales, a través de la camarada Pascual, de Olot, enseñamos a cuidar de la familia, a luchar contra el analfabetismo y la mortalidad infantil. Antes de la Sección Femenina estaba mal visto hacer gimnasia… Ahora se enseña ballet. Y los albergues! Las chicas se sienten por primera vez independientes". Por lo demás, Marta decía: "Yo no sé siquiera freír un huevo".
* * *
En casa de la Voz de Alerta había euforia. Se confirmó que Carlota estaba encinta, pero no sabían si sería niño o niña. Alguien les dijo que precisamente los ginecólogos rusos habían encontrado el sistema para detectar esto en el vientre de la madre. Supusieron que era un bulo propagado por algún "rojo".
' La Voz de Alerta' continuaba compartiendo a menudo el rancho con los ancianos del asilo y éstos continuaban gritando: "Viva el señor alcalde!". Este tipo de halago crispaba al profesor Civil.
– Por qué ese paternalismo? Al fin y al cabo, usted cumple con su misión.
– Qué puedo hacer yo? -replicaba el alcalde-. Yo no les he dado ninguna orden…
– Ya lo sé. Pero es la costumbre. En los regímenes totalitarios, y perdone la franqueza, lo más normal pasa a ser una bendición. También a mí, en Auxilio Social, a menudo me dan las gracias. La gente se muere de hambre y da las gracias! Quiere que le cuente cuál es el menú de hoy?
La voz de Alerta, como siempre, se limpiaba con gamuza los cristales de sus gafas de montura de oro.
– No es necesario. Me lo supongo… -contestó con rapidez.
– Qué va usted a suponer! -el profesor Civil puso más énfasis en cada palabra-. Un poco de bacalao de penca de cola, garbanzos remojados y un minúsculo pedacito de membrillo… Ésta es la comida fuerte del día, a la que hay que añadir un trozo de Pan amarillento, duro como la piedra y que sabe a demonios.
' La Voz de Alerta' se tocó la nariz con los dedos en pinza.
– Profesor Civil, le agradezco sus informes, pero le repito que me los sé de memoria. Lea usted mañana Amanecer, mi columna "Ventana al mundo", y comprobará que me ocupo de la cuestión.
Al día siguiente no apareció nada en Amanecer. Y es que la voz de Alerta tenía ahora un censor más tiránico que Mateo: el camarada Montaraz. Ninguna noticia negativa, ninguna sugerencia Que pudiera interpretarse como un fallo del sistema.
– Puedo saber por qué no se puede hablar del bacalao de penca de cola? -protestó el alcalde.
– Porque esto acabará pronto… No hay que alarmar a la población. Además, este año se esperan cosechas como las mejores del siglo. Y el subsuelo español, el eterno abandonado, empieza a soltar las innumerables riquezas que lleva dentro. Pronto te enterarás!
' La Voz de Alerta' movió la cabeza. En este sentido, su interlocutor -magníficos dientes de oro- era un frontón. El alcalde lamentaba que el camarada Montaraz no fuera también monárquico, pero, a pesar de todo, congeniaban. ' La Voz de Alerta' estaba contento con la campaña pro-higiénica que había organizado el gobernador, quien había decretado, ante la satisfacción de Marcos!, doblar el número de urinarios públicos de la ciudad y remozar los ya existentes. Los había, empezando por los de los cines, que parecían cloacas. Barrió todas las paredes con pintura de calidad y publicó un bando amenazando con copiosas multas a quienes las ensuciasen. ' La Voz de Alerta', que continuaba sacando motes a todo el mundo, llamó al gobernador la Escoba, lo que gustó mucho al patrón del Cocodrilo.
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