Hoy en día, a menudo encuentro mucha gente que está demasiado ocupada como para cuidar su bienestar. Y hay personas demasiado ocupadas como para cuidar de su salud. La causa es la misma. Estar ocupados, y se mantienen ocupados como una forma de evitar algo que no desean enfrentar. No es necesario que nadie se los diga. En le profundo de su interior, ellos lo saben. De hecho, si usted se los recuerda a menudo responden con enojo o irritación.
Si no están ocupados con el trabajo o los chicos, muchas veces estar ocupados viendo televisión, pescando, jugando al golf o haciendo compras Y aún así, muy dentro de sí saben que están evitando algo importante Esa es la forma más común de pereza. Pereza manteniéndose ocupados.
Entonces, ¿cuál es la cura para la pereza? La respuesta es, un poco de ambición.
Muchos de nosotros crecimos pensando que la ambición o el deseo eran malos. "La gente ambiciosa es gente mala", solía decir mi mamá. Pero sin embargo, todos tenemos dentro de nosotros esas ansias de tener cosas lindas, nuevas o excitantes. Así que para mantener esa emoción de deseo bajo control, los padres a menudo encuentran formas de suprimir ese deseo con la culpa.
"Tú sólo piensas en ti mismo. ¿No sabes que tienes hermanos y hermanas?" era una de las favoritas de mamá. O "¿qué es lo que quieres que te compre?" era la favorita de mi papá. "¿Piensas que estamos hechos de dinero? ¿Crees que el dinero crece en los árboles? No somos gente rica, ya sabes."
No eran tanto las palabras en sí, sino la culpa entrampada con el enojo que iba en ellas, lo que me llegaba.
O la inversa de la culpa entrampada era "estoy sacrificando mi vida para comprarte esto. Te lo estoy comprando porque yo nunca tuve esa posibilidad cuando era niño". Yo tengo un vecino que está quebrado como piedra, pero no puede estacionar su auto en el garaje. El garaje está lleno de juguetes de sus hijos. Esos mocosos malcriados obtienen todo lo que piden. "Yo no quiero que conozcan ese sentimiento de deseo", son sus palabras de todos los días. El no tiene nada guardado para la universidad, o para su retiro, pero sus hijos tienen cada juguete que se fabrica. Recientemente, le llegó una nueva tarjeta de crédito por correo, y llevó a sus hijos a visitar Las Vegas. "Lo estoy haciendo por los chicos", dijo con tono de gran sacrificio.
Padre rico prohibía las palabras "no puedo permitirme esto".
En mi casa verdadera, eso era lo único que yo escuchaba. En lugar de eso, papá rico requería que sus hijos dijeran "¿Cómo puedo hacer para pagar esto?" En su razonamiento, las palabras "no puedo pagar esto" cerraban el cerebro. Ya no había más nada que pensar. "¿Cómo puedo hacer para pagar esto?" abría el cerebro. Forzaba a pensar y buscar respuestas.
Pero más importante aún, él sentía que las palabras "no puedo pagar esto" eran una mentira. Y el espíritu humano lo sabía. "El espíritu humano es muy, muy poderoso", decía. "Sabe que puede hacer cualquier cosa". Al tener una mente perezosa que dice, "no puedo permitirme esto", se desata una guerra dentro de uno. El espíritu está enojado, y la mente perezosa debe defender su mentira. El espíritu está gritando "adelante, vayamos al gimnasio a entrenarnos" Y la mente perezosa dice, "pero estoy cansado. Trabajé muy duro hoy". O el espíritu humano dice, "estoy harto y cansado de ser pobre. Salgamos a hacernos ricos". A lo cual la mente perezosa responde, "la gente rica es ambiciosa. Además, es mucho fastidio. No es seguro. Puedo perder dinero. Ya trabajo bastante intensamente con las cosas como son ahora. Y de todas maneras, tengo mucho trabajo para hacer. Mira lo que tengo que hacer esta noche. Mi jefe lo quiere terminado para mañana".
"No puedo permitirme esto", también trae tristeza. Una desesperanza que lleva a descorazonarse, y a menudo a la depresión. "Apatía" podría ser otra palabra. "¿Cómo puedo hacer para pagar esto?", abre posibilidades, entusiasmo y sueños. Y así que padre rico no estaba tan preocupado por lo que uno pudiera querer comprar, sino porque "¿Cómo puedo hacer para pagar por esto?", creará una mentalidad más fuerte y un espíritu dinámico.
De manera que él rara vez nos daba algo a Mike o a mí. En lugar de eso nos preguntaba, "¿Cómo puedes hacer para pagarlo?" y eso incluyó la universidad, la cual nos pagamos nosotros mismos. No era la meta en sí sino el proceso de alcanzar la meta que deseábamos, lo que él quería que aprendiéramos.
El problema que percibo en la actualidad, es que hay millones de personas que sienten culpa por sus ambiciones. Ese es un viejo condicionamiento que viene de su niñez. Desean tener las cosas más finas que ofrece la vida. Muchos han sido condicionados subconscientemente para decir "no puedes tener eso", o "nunca podrás pagarlo".
Cuando decidí salir de la carrera de ratas, se trató simplemente de una pregunta. "¿Cómo puedo hacer para nunca tener que volver a trabajar?" Y mi mente comenzó a echar fuera respuestas y soluciones. La parte más difícil fue vencer el dogma de mis verdaderos padres, "no podemos permitirnos eso". O aquello de "cesa de pensar solamente en ti mismo". O también, "¿Por qué no piensas en los demás?", y otras palabras semejantes concebidas para instilar culpa en orden de suprimir mi ambición.
De manera que ¿cómo vence usted a la pereza? La respuesta es, con un poco de ambición. Es como esa estación de radio W11-FM que sostiene "¿Qué hay allí para mí?" Una persona necesita sentarse y preguntar, "¿Qué hay allí para mí, ya que soy saludable, sexy y bien parecido?" O si no, "¿Cómo sería mi vida si no tuviera que trabajar nunca más?" O, "¿Qué haría si tuviera todo el dinero que necesito?" Sin ese poco de ambición -el deseo de tener algo mejor- el progreso no sucede. Nuestro mundo progresa porque todos nosotros deseamos una vida mejor. Vamos al colegio y estudiamos intensamente, porque queremos algo mejor. Así que cuando se halle a sí mismo eludiendo algo que sabe que debería estar haciendo, lo único que debe preguntarse es "¿Qué hay ahí para mí?" Sea un poco ambicioso. Es la mejor cura para la pereza.
Demasiada ambición, sin embargo, como cualquier cosa en exceso, no es buena. Pero sólo recuerde lo que Michael Douglas decía en la película Wall Street. "La ambición es buena". Padre rico lo decía en una forma diferente: "La culpa es peor que la ambición. Porque priva al cuerpo de su alma". Y, para mí, Eleanor Roosevelt era la que mejor lo decía: "Haz lo que sientas en tu corazón que es correcto -porque de todas maneras te criticarán. Tanto te condenarán si lo haces, como si no lo haces".
Hábitos. Nuestras vidas son un reflejo de nuestros hábitos, más que de nuestra educación. Después de ver la película Conan, protagonizada por Arnold Schwarzenegger, un amigo dijo: "¡Me encantaría tener un cuerpo como Schwarzenegger!" La mayoría de los muchachos asintieron expresando su acuerdo.
"Yo inclusive oí que antes, él realmente era un flaco raquítico", dijo uno de ellos.
"¡Ah, sí! Yo también escuché eso", agregó otro amigo. "Yo escuché que tiene el hábito de entrenarse casi todos los días en el gimnasio".
"¡Apuesto a que así es!"
"¡Ah, no!" dijeron todos sarcásticamente. "Apuesto a que nació así. Y más allá de eso, dejemos de hablar de Arnold y vayamos por unas cervezas."
Este es un ejemplo de hábitos controlando el comportamiento. Recuerdo haberle preguntado a papá rico acerca de los hábitos de los ricos. En lugar de darme una respuesta categórica, quiso que yo aprendiera a través de un ejemplo, como siempre.
"¿Cuándo paga tu padre sus cuentas?", me preguntó.
"El primer día del mes",contesté.
"¿Y le queda algo?", preguntó.
Dije, "muy poco".
"Esa es la principal razón de sus luchas", dijo papá rico. "Tiene un mal hábito".
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