Mientras Riley caminaba por el pasillo, vio a un par de policías del campus parados al lado de la puerta de la habitación de Rhea, la cual estaba acordonada con cinta policial. Se estremeció al pensar que el cuerpo de Rhea aún estaba allí, esperando la llegada del médico forense. A Riley le costó imaginar a otra persona volviendo a dormir en esa habitación, pero obviamente no estaría vacante para siempre.
Riley abrió la puerta de su habitación, que estaba a oscuras excepto por alguna luz que entraba del pasillo. Vio a Trudy darse la vuelta en su cama para mirar a la pared.
«Todavía está despierta», pensó Riley.
Tal vez ahora podían hablar, y Riley podría obtener algunas respuestas a sus preguntas.
Riley cerró la puerta, se sentó en su cama y dijo: —Trudy, me preguntaba si tal vez podríamos hablar de nuestras entrevistas.
Aun mirando a la pared, Trudy respondió: —No podemos hablar de eso.
A Riley le sorprendió el tono agudo y helado de la voz de Trudy.
—Trudy, no creo que eso sea cierto, al menos ya no. Hintz no me dijo nada parecido.
—Solo vete a dormir —dijo Trudy.
Las palabras de Trudy fueron como una cachetada para Riley. Y, de repente y por primera vez, Riley sintió lágrimas en sus ojos y un sollozo en su garganta.
Era terrible que Rhea había sido brutalmente asesinada.
Y ahora su mejor amiga estaba enfadada con ella.
Riley se metió bajo las sábanas. Lágrimas corrieron por sus mejillas cuando comenzó a entender algo…
Su vida había cambiado para siempre.
No podía siquiera imaginarse cuánto.
A la mañana siguiente, Riley se encontraba sentada en el auditorio de la universidad junto con otros estudiantes. Aunque todos estaban deprimidos, tenía que preguntarse si alguien más se sentía tan miserable como ella. Creía que algunos se veían más molestos que tristes. Pocos parecían nerviosos, como si estuvieran asustados por cada movimiento a su alrededor.
«¿Cómo superaremos esto?», se preguntó.
Pero obviamente no todos habían sido cercanos a Rhea. No todos la habían conocido. Seguramente estarían horrorizados ante la idea de un asesinato en el campus, pero no sería personal para muchos de ellos.
Era personal para Riley. No podía quitarse de encima el horror que había sentido al ver a Rhea…
Ni siquiera se atrevía a pensar en las palabras. Aún no podía pensar en su amiga como cadáver, a pesar de lo que había visto la noche anterior.
La reunión estudiantil de hoy parecía estar totalmente desconectada con lo sucedido. También parecía estar tomando demasiado tiempo, haciéndola sentir aún peor.
El jefe Hintz acababa de dar una conferencia sobre la seguridad en el campus, prometiendo que el asesino sería detenido pronto, y ahora el decano Trusler estaba hablando a más no poder sobre cómo hacer que las cosas volvieran a la normalidad en la Universidad de Lanton.
«Buena suerte con eso», pensó Riley.
Trusler había dicho que las clases se reanudarían el lunes. También que entendía si algunos estudiantes podrían no sentirse listos para volver a clases tan pronto, y que algunos de ellos querrían volver casa para estar con sus familias durante unos días, y que los consejeros de la escuela estaban listos para ayudar a todos con este terrible trauma y… y… y…
Riley se desconectó y contuvo un bostezo mientras el decano seguía hablando, no diciendo nada útil. Apenas había dormido en toda la noche. Estuvo a punto de quedarse dormida antes de que el equipo del médico forense llegara, volviéndola a despertar. Luego se había parado en la puerta, viendo horrorizada al equipo llevarse el cuerpo tapado con una sábana en una camilla.
«Esa no puede ser la misma chica que estaba riendo y bailando hace unas horas —pensó Riley—. Esa no puede ser Rhea.»
Riley no se había podido quedar dormida después de eso. No pudo evitar envidiar a Trudy, quien pareció dormir profundamente toda la noche. Riley supuso que eso probablemente había sido por todo el alcohol que había tomado esa noche.
Esta mañana, la asistente de residencia del dormitorio había anunciado esta reunión por el intercomunicador. Trudy todavía había estado acostada cuando Riley se fue. Cuando Riley llegó a la asamblea, no había visto a Trudy en el auditorio.
Riley miró a su alrededor, pero no la vio. Tal vez todavía estaba dormida.
«No se está perdiendo de mucho», pensó Riley.
Tampoco vio a la compañera de cuarto de Rhea, Heather. Pero Gina y Cassie estaban sentadas unas filas delante de ella. Habían ignorado a Riley al entrar, al parecer todavía enojadas con ella por haberles dado sus nombres a la policía.
Riley había entendido anoche por qué podrían sentirse así, pero ahora estaba empezando a parecer infantil. También era extremadamente hiriente. Se preguntó si alguna vez podrían enmendar sus amistades.
En este momento, la “normalidad” de la que estaba hablando el decano parecía haber desaparecido para siempre.
La reunión finalmente llegó a su fin. Los reporteros estaban esperando a los estudiantes afuera del edificio. De inmediato cayeron sobre Gina y Cassie, haciéndoles todo tipo de preguntas. Riley supuso que habían averiguado quiénes habían sido las compañeras de Rhea antes de ser asesinada.
De ser así, probablemente también sabían de Riley. Pero hasta ahora no la habían visto. Tal vez fue cuestión de suerte que Gina y Cassie habían ignorado a Riley esta mañana. De lo contrario, estaría allí con ellas, obligada a responder preguntas imposibles.
Riley apretó el paso para evitar a los reporteros, haciendo su camino entre los otros estudiantes. Mientras caminaba, escuchó a los reporteros haciéndoles la misma pregunta a Gina y Cassie…
—¿Cómo te sientes?
Riley sintió un cosquilleo de ira.
«¿Qué pregunta es esa?», se preguntó.
¿Qué esperaban que Gina y Cassie dijeran en respuesta?
Riley no tenía ni la menor idea de lo que ella respondería, excepto tal vez que la dejaran en paz.
Estaba inundada de confusión, incredulidad, horror y muchas otras cosas terribles. El peor sentimiento de todos fue un alivio de que a ella no le había llegado a la hora aún, y eso la hacía sentirse culpable.
¿Cómo podría ella o sus amigas expresar tal cosa en palabras?
Y eso no era problema de nadie.
Riley se dirigió a la cafetería en el centro de estudiantes. No había desayunado aún, y estaba empezando a darse cuenta de que tenía hambre. Se sirvió tocino, huevos, un poco de jugo de naranja y café en el buffet. Luego buscó un lugar para sentarse.
Sus ojos se posaron rápidamente en Trudy, quien estaba sentada sola en una mesa, de espaldas a los demás mientras se comía su desayuno.
Riley tragó grueso.
¿Se atrevía a tratar de sentarse con Trudy?
¿Trudy siquiera le hablaría?
No habían intercambiado ni una sola palabra desde la noche anterior, cuando Trudy le había dicho a Riley que se fuera a dormir con amargura.
Riley se armó de valor e hizo su camino a la mesa de Trudy. Sin decir nada, colocó su bandeja sobre la mesa y se sentó junto a su compañera de cuarto.
Trudy mantuvo la cabeza agachada durante unos momentos, como si ni siquiera se había dado cuenta de que Riley estaba allí.
Finalmente, Trudy dijo: —Decidí saltarme la reunión. ¿Cómo estuvo?
—Fue una mierda —dijo Riley—. Yo también debí habérmela saltado. —Ella pensó por un momento y luego añadió—: Tampoco vi a Heather en la reunión.
—Sí, yo sé —dijo Trudy—. Me enteré de que sus padres llegaron esta mañana y se la llevaron a casa. Supongo que nadie sabe cuándo volverá a la escuela, o si siquiera volverá. —Trudy finalmente miró a Riley y le dijo—: ¿Te enteraste de lo que le pasó a Rory Burdon?
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