Asensio Liarte Liarte - El verso y la vida

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Aunque inspirado en la belleza de la poesía repentizada o trovo, el autor no pretende acercarse a la calidad de este particular género poético, pero sí que ha bebido siempre de su fecunda fuente.Hasta hace poco tiempo, nunca había dejado constancia escrita de sus composiciones; sin embargo, un día, animado por una amiga y compañera de estudios, se decidió a hacerlo, logrando elaborar esta colección de poemas.Según el propio autor, «con que uno solo de los versos contenidos en este libro contribuya a iluminar la existencia de un único lector me daré por satisfecho», lo que le animará a seguir perseverando en la constante mejora de la poesía que con tanto cariño ahora plasma en el agradecido papel.

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Comía en el monte aledaño,

de nombre Monte Carmelo.

Por costumbre inveterada

cuatro Asensios somos, cuatro.

Menos uno, que no estaba

en el familiar teatro.

Con sus hijos me encontré

y alguno más de mis primos.

Sus hijas también hallé.

Con tristeza nos reunimos.

De tiempo no nos veíamos,

hará más de cuatro años.

Siento que no mantuvimos

la promesa de juntarnos.

Su gran familia creó

junto a su mujer, tía Rosa.

Tiempo ha que nos dejó

persona tan bondadosa.

Ahora que mi tío no está

he quedado yo el primero.

Soy el de mayor edad,

aunque me mantengo entero.

Estos lazos familiares

los debemos mantener.

Unidos cual militares

es justo permanecer.

Reunirnos es necesario

para no olvidarnos nunca

que la vida es un calvario

cuando la hermandad se trunca.

No debemos olvidarnos

que nuestros padres nacieron

y juntos ellos crecieron,

pues todos eran hermanos.

Queridos primos y primas,

mi petición es, de facto,

hagamos como las rimas,

que no pierden el contacto.

A SERREJÓN

Serrejón es una villa

en las faldas de Monfragüe,

pueblo de gente sencilla

donde la flor amarilla

hace que la fida fragüe.

Sus gentes son buena gente,

todo limpio, nada sucio,

y entre ellas Pedro Burcio,

hombre cabal y decente.

Pedro Burcio es el amigo

de mi amigo Fabriciano

y pongo a Dios por testigo

que es el placer más mundano

estrechar a ambos la mano.

Siempre que voy a Serrejón

como en casa yo me siento

y haga frío o haga viento

me hace una gran ilusión

y siempre alegre me siento.

La iglesia de Serrejón

es pequeña pero hermosa

y no tiene parangón

ni tiene comparación

con cualquier casa casposa.

En su torre las cigüeñas

hacen sus enormes nidos.

Sus gentes están conformes

con las grandes y pequeñas.

A SEVILLA

Sevilla, qué maravilla,

tierra de tortas de aceite,

donde la gente sencilla

las toma con gran deleite

desde cubierta a la quilla

en el barco de Chanquete.

Y no quisiera olvidar

a las nobles aceitunas,

producto del olivar,

buenas para acompañar

aquello que desayunas.

De Sevilla no me hables

sin provocar mi nostalgia.

Ciudad en la que fui feliz

y, aunque no comí perdiz,

nada allí fue una falacia.

Es la ciudad a la que adoro

y la seguiré adorando.

Yo no sé cómo ni cuándo

a sus calles volveré,

pues yo la sigo soñando.

A TI

A ti, que aprendiste a volar con las alas del alma.

A ti, que escalas las más altas montañas sin siquiera pisar la tierra.

A ti, que conviertes en flores los abrojos y cubres de amapolas los caminos.

A ti, que hiciste de la virtud tu forma de vida y tu bandera.

A ti, que nadas en todos los océanos sin llegar a mojar tus dorados cabellos.

A ti, que amas todas las cosas naturales de la vida y rechazas lo artificioso.

A ti, que perdonas las ofensas sin esperar la justa correspondencia.

A ti, que perfumas con tu aroma la quietud silenciosa de los cementerios.

A ti, que devuelves amor, y solo amor, a quienes te avasallan.

A ti, que despiertas a los gallos cuando el sol comienza a levantarse.

Tú, que has podido adueñarte del mundo sin ningún esfuerzo y no lo has hecho.

Tú, que vienes de la nada y a la nada te diriges con paso firme y decidido.

Tú, que desprecias el dinero y solo te interesas por la vida eterna y pura.

Tú, que ya vienes de regreso cuando la mayoría todavía va hacia ninguna parte.

Tú, que amas la palabra paz en vez de la ignominiosa y maldita palabra guerra.

Tú, que prefieres la muerte antes que la ofensa a tu prójimo.

Tú, que tienes dentro de tu corazón todos los secretos que conducen a la virtud.

Tú, que compartes lo que tienes con todos aquellos que son poseedores de nada.

Tú, que vives al abrigo de la envidia y del rencor de los humanos.

Tú, que tienes por lecho el mundo y por techo el brillante manto de las estrellas.

Siempre tienes en tu boca la palabra justa para consolar al afligido.

Siempre recoges los nutritivos frutos que producen las semillas que con amor sembraste.

Siempre entregas tu inmensa e inmaculada alma, incluso a aquel que no lo merece.

Siempre tienes en tu boca la palabra justa para mostrar el lado bueno de la vida.

Siempre estás acompañado por una legión de imitadores que quieren ser como tú eres.

Siempre eres bienvenido a los maravillosos lugares donde el amor campa por sus respetos.

Siempre descubres al bondadoso aunque este se encuentre entre un millar de malvados.

Siempre ofreces la miel de tu colmena en lugar de venderla a los impíos.

Siempre ocuparás un hueco en el corazón de todo humano bien nacido.

Siempre me tendrás a tu lado, amigo, de la manera más incondicional que imaginarte puedas.

Evita correr delante del toro desbocado; procúrate un árbol al que subirte.

Evita creer a todo el que miente porque solo es útil para hacer el mal a los mortales.

Evita cenar copiosos manjares; solo servirán para que enfermes.

Evita soñar con un mundo nuevo; este viejo es y así continuará siendo hasta la eternidad.

Evita el dolor que produce el necio; si tú no te apartas de su mal camino, te llevará consigo.

Evita jurar por los dioses todos; ellos son muy suyos y nunca te ayudarán por mucho que lo desees.

Evita vivir junto a la serpiente, pues con su veneno y sus malas artes segará tu vida.

Evita que vuelva el tiempo pasado; ya no será lo mismo y daño agregará a tu existencia.

Evita la pena que produce el llanto; el que llora es siempre el gran perdedor.

Evita el polvo del camino porque en él puede estar el mal en suspensión.

No pienses en el dinero; él no compra la felicidad ni la salud ni nada que sea sublime.

No persigas el poder; el poder corrompe y solo ayuda a abrir las pesadas puertas del infierno.

No olvides al amigo, al verdadero amigo; siempre estará a tu lado en los momentos más difíciles.

No creas que la gloria se gana solo con desearlo; ora et labora, ahí está el secreto.

No seas iluso, aunque de ilusión también se vive, dice la máxima, pues la ilusión es un intangible.

No prometas nada que no estés seguro de poder cumplir; la palabra es la savia del árbol humano.

No cuentes a nadie un secreto, pues en el momento en que lo compartes este deja de serlo.

No confíes en la lotería, ya que esta no apuntalará tu vida, pues siempre le toca al vecino.

No es justo quien puede, sino quien quiere; la justicia garantiza la dignidad humana.

No creas en las hadas; estas siempre engañan a la princesa, haciéndola dormir para siempre.

A UNA MALENA

Como no lo recordaba

yo lo tuve que indagar,

cómo allí tú les llamabas

a los hijos de Posadas

y así poderlos nombrar.

Y así, usando los espacios

que brindaba el interné,

con el concejal Palacios

de inmediato contacté.

Él me contestó volando,

con nombre que bien me suena,

que la nacida en Posadas

su gentilicio es malena.

Del año sesenta y siete

viene ya nuestra amistad,

que es como huella de aceite

que no se puede borrar.

En Morón nos conocimos

y a nuestras propias parejas.

Con ellas felices fuimos,

se torcieron los destinos,

se enredaron las madejas.

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