Efectivamente, en la Corona de Aragón el rey Jaime II no aceptó integrar todos los bienes templarios en la Orden del Hospital y, después de largas negociaciones durante más de cinco años y tras el paso de dos papas, Juan XXII aceptó la solución de crear una nueva orden militar, la Orden de Santa María de Montesa. Esta solo estaría radicada en el Reino de Valencia, pero en él se le asignaron la gran mayoría de los señoríos del Hospital, más una villa real: el castillo y villa de Montesa. Con todo, la resistencia de la Orden de Calatrava –a la cual quedó adscrita eclesiásticamente– a aceptar esta solución provocó que aún pasasen dos años más, hasta julio de 1319, para que finalmente tomaran posesión de los hábitos los primeros diez freires y uno de ellos fuese nombrado primer maestre por el papa.
La historia de la Orden de Montesa se extiende a lo largo de más de cinco siglos, hasta su disolución como institución del Antiguo Régimen en el año 1835, en el marco de la Revolución Liberal y la Desamortización de los bienes del clero en España. En su larga trayectoria, además, se distinguen claramente dos grandes etapas: la época de los maestres, desde su fundación hasta el año 1592, caracterizada por el autogobierno de sus miembros caballeros, así como por el escaso número de estos; y la época de dependencia de la monarquía, cuando la Corona pasó a ser administradora perpetua de ella en la citada fecha y hasta el primer tercio del siglo XIX. Dicho cambio, además, se vio reforzado por el permiso papal para admitir caballeros casados, con lo que desde finales del siglo XVI se multiplicaron los caballeros de hábito. Pese a esas diferencias, en el conjunto de toda su historia, la Orden de Montesa como colectivo y muchos de sus freires, caballeros o clérigos fueron parte activa en muy diversos ámbitos de la historia medieval y moderna de la sociedad valenciana. Una actividad aún hoy en día poco conocida en muchos aspectos.
Debe reseñarse igualmente la amplitud de su presencia geográfica por el territorio valenciano. De norte a sur del antiguo Reino se localizan sus encomiendas, más de una docena, y sus señoríos, en casi cincuenta poblaciones, abarcan las más diversas comarcas. No obstante, debemos resaltar su presencia dominante en el llamado Maestrat Vell, con localidades como, entre otras, Sant Mateu, Traiguera, Peñíscola, Benicarló o Vinaròs. La Orden también estuvo presente en la comarca de la Plana, con los señoríos de Onda, Vilafamés y parte del término de Borriana. Igualmente por la huerta de Valencia, con Montcada, Silla, Sueca y tierras y casas en la propia ciudad y su entorno. Y no podemos olvidar el magnífico castillo-convento de la localidad que le da nombre, Montesa, y la vecina Vallada, así como la posesión más meridional: la Vall de Perputxent.
Sus maestres y comendadores participaron de forma muy activa en la historia medieval y moderna de la sociedad valenciana, ocupando en diversas ocasiones cargos de gobierno del Reino de Valencia. Así, tuvieron un destacado protagonismo en la vida política a través de su presencia en las Cortes forales –donde Montesa ostentaba la segunda voz del Brazo Eclesiástico después del arzobispo de Valencia–, y también en la Diputación del General o Generalitat. Igualmente fueron usuales actores al servicio de los monarcas en la política exterior de la Corona de Aragón, por ejemplo junto al rey Alfonso el Magnánimo en el Reino de Nápoles, y lo mismo a finales del siglo XV en las campañas de la Guerra de Granada con los Reyes Católicos. Asimismo, durante la Edad Moderna sus caballeros también ocuparon cargos en los consejos reales, fueron destacados juristas y algunos de sus miembros clérigos llegaron a ser catedráticos de la Universidad de Valencia, especialmente durante el siglo XVIII.
Como lógica respuesta a esta larguísima trayectoria, la Orden de Montesa ha sido objeto de atención por parte de eruditos y cronistas desde la Edad Moderna. Dicho interés ha continuado ya con un enfoque más académico por parte de los historiadores a lo largo del siglo XX y principios del XXI.
En su historiografía son punto de partida las obras clásicas de frey Hipólito de Samper en el siglo XVII –expresamente concebida para reivindicar la importancia y los derechos jurisdiccionales de Montesa para situarla al mismo nivel que sus hermanas castellanas–, y de Joseph Villarroya en el XVIII –muy diferente, al intentar rescatar para las arcas de la monarquía un patrimonio decreciente desde el siglo XVI–. Ambas meritorias y útiles como primeras síntesis de su historia, si bien con un alcance y visión limitados dados los motivos para su redacción. Posteriormente, la actividad de eruditos durante la primera mitad del siglo XX ha aportado las primeras aproximaciones más claramente históricas, si bien frecuentemente con carácter descriptivo y, en parte, centrado en los pueblos que conformaron la Orden y no tanto en su historia como institución plurisecular. Finalmente cabe señalar el salto académico producido a partir de la década de 1980 y hasta la actualidad, con una intensa actividad investigadora protagonizada por muchos de los y las autoras presentes en esta obra, mediante la cual se ha ido explorando, estudiando y explicando tanto la historia de la Orden como la de sus miembros, los freires y caballeros montesianos.
Como actividad más reciente y con motivo de conmemorarse en el año 2017 el séptimo centenario de la bula fundacional de la Orden de Santa María de Montesa, diversos historiadores han animado un conjunto de actividades académicas en torno a su estudio y el conocimiento de su patrimonio. Es así como desde la Universitat de València se organizó un congreso internacional sobre la Orden y una exposición sobre la antigua biblioteca montesiana de los siglos XVIII y XIX, cuyo fondo, a raíz de la Desamortización, pasó a integrarse en la Biblioteca de dicha Universitat. En paralelo, el Archivo del Reino de Valencia acogió una exposición de parte del archivo histórico de la Orden, depositado en sus dependencias; las Cortes Valencianas patrocinaron un documental cinematográfico sobre la historia montesiana, y en otros ámbitos se impartieron conferencias y cursos en torno a Montesa.
Es en este contexto en el que se inscribe la presente obra. Un libro coral, incluso en su vertiente lingüística, que reúne a la gran mayoría de los investigadores montesianos en activo junto con algunos invitados. Los autores representan fielmente las diversas líneas de investigación que caracterizan en los últimos años el acercamiento a Montesa, pero también son reflejo del relevo generacional. Junto a algunos ya veteranos y con una obra amplia sobre la historia de la Orden, presentan aquí alguna de sus primeras investigaciones jóvenes historiadores.
Por todo ello son diversas las miradas sobre la institución, sobre su organización y sobre algunos de sus principales miembros a lo largo de quinientos años. Y lógicamente también son muchos los temas y aspectos que se reúnen en esta obra colectiva. Por la misma razón, no se trata ni mucho menos de una historia completa de la Orden de Montesa e, inevitablemente, han quedado fuera de ella bastantes cuestiones; sin ir más lejos, el proceso de integración de la Orden de San Jorge de Alfama en 1400, o el Colegio de San Jorge de formación de sacerdotes durante la Edad Moderna, o el propio convento montesiano. Y es que, no de forma gratuita, el conjunto de contribuciones aquí presentadas es hijo de las líneas de investigación individuales abiertas en estos últimos años, por lo que es lógico que resulte más complicado avanzar en aspectos poco tratados hasta ahora, aunque también los hay.
En cuanto a la estructura interna del libro y a la hora de ordenar las aportaciones, los editores hemos considerado que podía ser útil su distribución en cinco grandes apartados, si bien somos conscientes de que no están estrictamente separados unos de otros y de que alguna contribución podía encajar en otra sección distinta. Insistimos en que no ha sido nuestra intención clasificar porque sí, sino solo establecer un mínimo hilo conductor y facilitar la lectura sucesiva de los textos.
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