¿Qué fue pues lo que yo amé en aquel hurto en que de manera viciosa y perversa quise imitar a mi Señor? ¿Soñé que con el uso de una falaz libertad me colocaba imaginariamente por encima de una ley que en la realidad me domina, haciendo impunemente, en un remedo ridículo de tu omnipotencia lo que no me era permitido?
Aquí tienes pues a ese siervo que huyó de su Señor en pos de una sombra. ¡Cuánta podredumbre, qué monstruosidad de vida, y qué profundidades de muerte! ¿Cómo pudo complacerse su albedrío en lo que no le era lícito por el solo motivo de que no lo era?
Capítulo 7
[15] ¿Cómo pagar a mi Señor el que mi memoria recuerde todo esto sin que mi alma sienta temor? Te pagaré con paga de amor y de agradecimiento. Confesaré tu Nombre, pues tantas obras malas y abominables me has perdonado. Fue obra de tu gracia y de tu misericordia el que hayas derretido como hielo la masa de mis pecados; y a tu gracia también soy deudor de no haber cometido muchos otros; pues ¿de qué obra mala no habría sido capaz uno que pecaba por gusto?
Pero todo me lo has perdonado: lo malo que hice con voluntad, y lo malo que pude hacer, y por tu providencia no hice. ¿Quién podría, conociendo su innata debilidad, atribuir su castidad y su inocencia a sus propias fuerzas? Ese te amaría menos, como si le fuera menos necesaria esa misericordia tuya con que condenas los pecados de quienes se convierten a ti.
Ahora: si hay alguno que llamado por ti escuchó tu voz y pudo evitar los delitos que ahora recuerdo y confieso y que él puede leer aquí, no se burle de mí, que estando enfermo fui curado por el mismo médico a quien él le debe el no haberse enfermado; o por mejor decir, haberse enfermado menos que yo. Ese debe amarte tanto como yo, o más todavía; viendo que quien me libró a mí de tamañas dolencias de pecado es el mismo que lo ha librado a él de padecerlas.
Capítulo 8
[16] Y ¿qué fruto saqué yo, miserable, de aquellas acciones que ahora, cuando las recuerdo, me hacen enrojecer, especialmente de aquel hurto en el que amé el hurto mismo y no otra cosa, siendo así que él era nada y yo más que el mismo hurto, miserable? Y, no obstante, yo solo no lo hubiera hecho. Tal recuerdo que era entonces la disposición de mi ánimo. Amé, pues, en aquella ocasión la compañía de aquellos con los cuales hurté. No amé, pues, entonces nada, sino el hurto mismo. Nada dije, y dije bien, pues el hurto no es nada.
¿Y qué es el hurto en realidad? ¿Quién habrá que me lo enseñe sino Aquel que ilumina mi corazón y disipa sus sombras? ¿Qué es, pues, lo que me induce a estas averiguaciones, a estas discusiones, a estas consideraciones? Si en aquel lance amara yo las peras que robé y deseara gozarlas, pudiera también yo solo (si ello bastara) cometer aquella iniquidad por la cual llegara a aquel placer mío sin que aquella fricción con el ánimo de mis cómplices irritara el prurito de mi codicia. Pero como en aquellas peras yo no hallaba deleite, el deleite residía en la maldad misma, acrecentada por la complicidad de los que conmigo pecaban.
Capítulo 9
[17] ¿Qué clase de afecto era pues aquel? Ciertamente era pésimo, y yo muy miserable porque lo tenía. ¿Pero qué era? Pues por algo dice la Escritura: ¿Quién entenderá los pecados? (Sal 18,13). Risa nos daba; como un cosquilleo del corazón, de que así pudiéramos engañar a quienes no nos juzgaban capaces de cosas semejantes, ni querían que las hiciéramos.
Pero, ¿por qué razón me gustaba hacer esas fechorías junto con otros? ¿Acaso porque no es fácil reír cuando no se tienen compañeros? Y sin embargo, en ciertas ocasiones la risa vence al hombre más solitario: cuando algo se le presenta, al sentido o a la imaginación como muy ridículo. Lo cierto es que tales cosas no las habría yo hecho de estar completamente solo. Este es, Señor, el vivo recuerdo de mi memoria en tu presencia: de haber andado solo no habría cometido tal hurto, ya que no me interesaba la cosa robada sino el hurto mismo, y no habría de cierto hallado gusto en ello sin una compañía.
¡Oh enemiga amistad, seducción incomprensible de la mente! ¡Avidez de dañar por burla y por juego, cuando no hay en ello ganancia alguna ni deseo de venganza de satisfacer! Es, simplemente, el momento en que se dice: «Vamos a hacerlo»; y si alguna vergüenza se tiene es la de no hacer algo vergonzoso.
Capítulo 10
[18] ¿Quién podrá desatar este nudo tan tortuoso e intrincado? Feo es, y no quiero verlo, ni siquiera poner en él los ojos. Pero te quiero a ti, que eres justicia e inocencia, hermosa y decorosa luz, saciedad insaciable para los hombres honestos. En ti hay descanso y vida imperturbable. El que entra en ti entra en el gozo de su Señor (Mt 25,21), nada temerá, y se hallará muy bien en el Sumo Bien. Me derramé y vagué lejos de ti, mi Dios, muy alejado de tu estabilidad, en mi adolescencia. Me convertí para mí mismo en un desierto inculto y lleno de miseria.
Конец ознакомительного фрагмента.
Текст предоставлен ООО «ЛитРес».
Прочитайте эту книгу целиком, купив полную легальную версию на ЛитРес.
Безопасно оплатить книгу можно банковской картой Visa, MasterCard, Maestro, со счета мобильного телефона, с платежного терминала, в салоне МТС или Связной, через PayPal, WebMoney, Яндекс.Деньги, QIWI Кошелек, бонусными картами или другим удобным Вам способом.