El viaje sonaba tan interesante que pensó que le gustaría ir a ella también, solo para salir de
Lake Grove durante un tiempo. Había decidido que no estaba dispuesta a mudarse. Tendría que aprender a vivir con lo que pudiera ocurrir. Y si no podía, siempre podría decirle la verdad a Dev.
Con un suspiro, se concentró de nuevo en los billetes. De repente, la puerta principal se abrió y Carrie levantó la vista del ordenador. Al hacerlo, sintió que el corazón se le helaba en el pecho. Dev Riley se estaba acercando a su escritorio. Frenéticamente, buscó un lugar donde poder esconderse, cualquier sitio con tal de escapar de él.
Finalmente, se dejó caer debajo del escritorio, esperando que no la hubiera visto. Desde allí abajo, vio lo diferente que parecía con su traje y su corbata y sus caros zapatos italianos. Por un momento, deseó que estuviera vestido con los pantalones cortos y la camiseta que solía llevar en los Cayos. Carrie podría hablar con él, pero no con el impresionante hombre que estaba delante de su mesa.
– ¿Hola? -dijo él. Ella no se movió. -Puedo verla ahí abajo. ¿Se encuentra bien?
– Hola -respondió Carrie. -Yo… yo me encuentro bien. ¿Puedo ayudarlo?
– Estaba buscando a Susie. ¿Está ella aquí? -preguntó él, asomándose por el borde de la mesa.
– No, no está. Vendrá mañana. Puede venir mañana.
Él rodeó la mesa y muy pronto ella pudo verlo hasta las rodillas. Recordó que tenía unas rodillas muy bonitas y unas piernas muy musculosas.
– ¿Qué está haciendo ahí debajo?
– Mi lápiz -respondió ella, levantándose de repente y golpeándose contra la mesa. -He perdido mi lápiz.
– Aquí tiene otro -dijo él, sacando uno del bote que había encima de la mesa.
– No, quiero el lápiz que se me ha caído. Es… muy especial.
– Bueno, cuando lo encuentre, ¿me va a atender?
– Pensé que quería ver a Susie. Ella no está. Si vuelve mañana, estoy seguro de que ella podrá ayudarlo.
– Usted me sirve.
– Me temo que no tengo tiempo.
– ¿Tiene tiempo para buscar un lápiz que no necesita y no tiene tiempo para atender a un cliente?
Carrie se dio cuenta de que él no se iba a marchar tan fácilmente. Estaba segura de que en cuanto la mirara a los ojos, la reconocería, pero no le quedaba otra alternativa que salir de debajo de la mesa.
Ya no podría evitar la verdad, tendría que explicárselo todo. Tal vez aquello fuera lo mejor.
Poco a poco se incorporó y se sacudió los pantalones. Entonces lo miró. Carrie había esperado una reacción inmediata de reconocimiento, sorpresa, enojo… Sin embargo, Dev la miró impasible. ¿Sería posible que no la reconociera?
– ¿Ha encontrado el lápiz?
Carrie negó con la cabeza y se sentó en su sillón rápidamente, tirándose del pelo para esconder la cara. ¡No la reconocía! Efectivamente llevaba sus gafas y el pelo ya no era rubio, pero… Se había pasado una semana con aquel hombre, incluso había hecho el amor con él. ¿Cómo era posible que no la reconociera?
Carrie no estaba segura de si debía sentirse aliviada o insultada. Él le había dicho que nunca la olvidaría y dos días más tarde ni siquiera reconocía el sonido de su voz. Muy ofendida, Carrie abrió la boca para decirle quién era, pero… Entonces se dio cuenta de que no tenía fuerzas para contarle toda la verdad y, sobre todo, admitir que se había enamorado de él. Si empezaba, le tendría que contar todo. Y no podía hacerlo.
– ¿En qué puedo ayudarlo, señor…?
– Riley. Dev Riley.
– Señor Dev Riley -repitió ella, disfrutando del sonido de aquel nombre.
– Susie estaba trabajando en algo para mí. Tal vez ella se lo haya contado.
– Me temo que no he hablado con Susie desde esta mañana, pero estoy segura de poder ayudarlo con cualquier gestión que quiera realizar.
– Estoy buscando a una mujer.
– ¿Una mujer? -repitió ella, sorprendida. Efectivamente, él no había tardado mucho en reemplazarla por otra. Carrie se dio cuenta de que estaba mucho mejor sin él.
– Se llama Carrie Reynolds.
– ¿Carrie Reynolds?
– La conocí en unas vacaciones en los Cayos. He estado intentando encontrarla desde entonces. Susie estaba intentando ayudarme a buscarla.
– ¿Susie sabe que usted está buscando… a esa mujer? ¿Lo ha hablado con ella?
– He hablado con ella esta mañana. Está consultando las listas de embarque de las compañías aéreas y las centrales de reservas para intentar localizarla.
¡Dev la estaba buscando! Tal vez sentía algo por ella y sentía haberla dejado marchar. Tal vez incluso la amaba. Sin embargo, podría querer verla por otra razón. Tal vez quisiera ser él el que acabara con la relación en vez de dejarla a ella con la última palabra.
– No creo que pueda encontrar mucho -dijo Carrie. -Los archivos de las líneas aéreas son confidenciales. ¿Por qué quiere encontrar a esa mujer? No querrá usted acosarla, ¿verdad?
– Algunas cosas se quedaron por decir cuando nos despedimos.
– ¿Cómo qué?
– Eso es algo entre la señorita Reynolds y yo, ¿no le parece? -le espetó Dev.
Carrie sintió que una oleada de calor le coloreaba las mejillas. Bajó la cabeza para evitar que él la viera, preocupada de que por eso pudiera reconocerla. Se había sonrojado muchas veces delante de él. Recordaba una en particular, cuando le había pedido que le hiciera el amor.
– Por supuesto -dijo ella. -Solo pensé que…
– ¿Que confiaría en una completa desconocida?
– Yo no soy una completa desconocida -murmuró ella. -Me refiero a que soy la compañera de Susie y puede contarme cualquier cosa.
– No sé mucho sobre ella. Ella acabó en el camarote del barco que yo había alquilado. Hubo algún equívoco con las reservas. Durante la semana que pasamos juntos, nos hicimos muy… amigos.
– ¿Amigos?
– No creo que tenga que entrar en detalles. Ella me dijo que era de Helena, de Montana. He ido allí a buscarla y ella…
– ¿Que ha ido a Helena? -exclamó ella, sorprendida. -¿A buscarla?
– Como he dicho antes, tengo que encontrarla. Estoy dispuesto a pagarle a usted por su tiempo.
– ¿Estaría dispuesto a pagar para encontrarla?
– Lo que haga falta. No voy a parar hasta que vuelva a verla. ¿Me entiende, señorita…?
– Lo entiendo, señor Riley. Y puedo asegurarle que haremos lo que podamos.
– No quiero que lo intenten. Quiero que lo consigan.
Con eso, se abrochó el abrigo y se puso los guantes. Luego se dirigió a la puerta y se marchó, dejando a Carrie completamente aturdida.
Si él se preocupaba tanto por ella, ¿por qué no la había reconocido? Rápidamente abrió el cajón de su escritorio y buscó un espejito. Cuando finalmente lo encontró, lo abrió y se miró cuidadosamente.
– No estoy tan diferente -murmuró, apartándose el pelo de la cara. -Soy yo, la misma persona que él enseñó a nadar, que besó y con la que hizo el amor. Si le importo lo suficiente como para querer encontrarme, ¿por qué no me ha reconocido?
A menos que… realmente ella no le importara en absoluto. Tal vez todo lo que quería era vengar su ego herido y quisiera hacerle daño del mismo modo que ella se lo había hecho a él.
Considerando los recursos económicos de Dev, no tardaría mucho en ir a pedirle cuentas. Carrie decidió que no estaba dispuesta a esperar, completamente petrificada de miedo, que él apareciera a pedírselas. ¡Ella misma se las daría!
Carrie se incorporó en la silla y escribió algo en el ordenador. En un instante, tuvo en pantalla el perfil de Dev, con un listado de todos los viajes que él había organizado a través de la agencia y su dirección. Carrie la apuntó en un trozo de papel y luego tomó la chaqueta, que tenía colgada en el respaldo de la silla, y salió corriendo.
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