David Baldacci - Poder Absoluto

Здесь есть возможность читать онлайн «David Baldacci - Poder Absoluto» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Poder Absoluto: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Poder Absoluto»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Luther es un especialista, un maestro en robo. Cerca ya de retirarse, planea su ultimo golpe: limpiar la fabulosa mansion de Walter Sullivan, uno de los hombres mas ricos del pais, de vacaciones en el caribe.
La inesperada vuelta de la mujer complica el golpe y hace que Luther presencie un asesinato que apunta de lleno al presidente de los Estados Unidos.
Acosado por los hombres del servicio de seguridad del presidente y por el sargento de policia, Luther debera salvar su pellejo y el de su hija.
Baldacci ha sido el guinista de la película basada en su libro, dirigida y protagonizada por Clint Eastwood en el papel de Luther.

Poder Absoluto — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Poder Absoluto», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Sacudió la cabeza y miró la hora: medianoche pasada. Fue a buscar otra taza de café, perdía la concentración. El último abogado de la fiscalía se había marchado cinco horas antes. El personal de limpieza había acabado su trabajo hacía tres. Caminó descalza por el pasillo hacia la cocina. Si Charlie Manson estuviese por ahí ocupándose de lo suyo, sólo sería uno de sus casos menores; un aficionado en comparación con los monstruos que rondaban ahora por las calles.

Volvió a la oficina con la taza de café en una mano y se detuvo un momento para contemplar su reflejo en la ventana. En su trabajo la apariencia no tenía demasiada importancia; caray, no había tenido una cita en más de un año. Pero fue incapaz de desviar la mirada. Era alta y delgada, quizá demasiado en algunas partes, pero no por eso había abandonado la costumbre de correr siete kilómetros cada día mientras disminuía el consumo de calorías. Subsistía a base de café malo y galletas, y sólo fumaba dos cigarrillos al día, sin renunciar a la esperanza de abandonarlo.

Se sintió culpable del abuso a que sometía a su cuerpo con tantas horas de trabajo y el estrés de pasar de un caso terrible a otro horroroso, pero ¿qué podía hacer? ¿Renunciar porque no se parecía a las mujeres de las portadas de Cosmopolitan? Se consoló a sí misma con el hecho de que ellas trabajaban las veinticuatro horas del día para mantenerse hermosas. El suyo era ocuparse de que la gente que infringía la ley, que hería a los demás, fuera castigada. Llegó a la conclusión que desde cualquier punto de vista estaba haciendo cosas mucho más productivas con su vida.

Se dio un manotazo en la melena; necesitaba un corte de pelo, pero ¿de dónde sacaría el tiempo? El rostro todavía no reflejaba demasiado el peso de la carga que cada vez le resultaba más difícil arrastrar. A los veintinueve años, después de cuatro de jornadas de diecinueve horas e innumerables juicios, había aguantado. Suspiró al comprender que no duraría mucho. En la facultad había sido objeto de las miradas de todos, la causa de pasiones encendidas y sudores fríos. Pero a punto de entrar en los treinta, era consciente de que aquello que había dado por sentado durante tanto tiempo, que incluso había despreciado en muchas ocasiones, no le duraría para siempre. Y como tantas otras cosas que se dan por sentadas o se descartan como poco importantes, poder silenciar un sala con el mero hecho de entrar era algo que echaría de menos.

Conservar la belleza durante los últimos años era algo notable si tenía en cuenta lo poco que había hecho para preservarla. Buenos genes, ahí estaba la razón; tenía suerte. Entonces pensó en su padre y decidió que no había tenido ninguna suerte en materia de genes. Un hombre que robaba a los demás y después pretendía llevar una vida normal. Un hombre que había engañado a todos, incluidas su mujer y su hija. Un hombre en el que no se podía confiar.

Se sentó ante su escritorio, probó el café caliente, le echó un poco más de azúcar y miró al señor Simmons mientras removía las profundidades oscuras de su estimulante nocturno.

Cogió el teléfono y marcó el número de su casa para escuchar los mensajes. Había cinco: dos de otros abogados, uno del policía que sería testigo en el juicio contra el señor Simmons y uno de un investigador de la fiscalía que llamaba a las horas más intempestivas para darle informaciones inútiles. Tendría que cambiar de número de teléfono. En el último mensaje habían colgado. Pero escuchó el rumor de una respiración, casi entendió una o dos palabras. Algo en el sonido le resultó conocido, pero no consiguió ubicarlo. Gente que no tenía nada mejor que hacer.

El café hizo su efecto, su mirada enfocó otra vez el expediente. Miró el pequeño estante con los libros. Encima había una vieja foto de la madre y Kate cuando tenía diez años. Había recortado la figura de Luther Whitney. Un gran agujero junto a la madre y la hija. Una gran nada.

– ¡Me cago en la gran puta! -El presidente de los Estados Unidos se sentó, con una mano sobre sus fláccidas y dolidas partes pudendas, la otra sosteniendo el abrecartas que un momento antes estaba destinado a convertirse en el instrumento de su muerte. Ahora el objeto tenía algo más que sólo su sangre en él-. ¡Me cago en la gran puta, Bill, la has matado! -El objeto de su ira se agachó para ayudarle a levantarse mientras su compañero comprobaba el estado de la mujer; una verificación inútil, ya que dos proyectiles de grueso calibre le habían volado los sesos.

– Lo lamento, señor, no teníamos tiempo. Lo lamento, señor.

Bill Burton era agente del servicio secreto desde hacía doce años; antes había pertenecido a la policía estatal de Maryland durante ocho, y uno de sus disparos acababa de volarle la cabeza a una joven hermosa. A pesar de su gran preparación temblaba como un niño al que acaban de despertar de una pesadilla.

Había matado antes en cumplimiento del deber un vulgar control de carreteras que se había complicado. Pero el muerto había sido un tipo condenado cuatro veces, con una venganza pendiente contra los policías uniformados y había intentado matarle con una pistola Glock semiautomática.

Miró el pequeño cuerpo desnudo y pensó que iba a vomitar. Su compañero, Tim Collin, adivinó lo que iba a pasar y le cogió del brazo. Burton tragó con fuerza y asintió. Lo tenía controlado.

Entre los dos ayudaron a levantarse con mucho cuidado a Alan J. Richmond, presidente de los Estados Unidos, un héroe político y un líder para todas las generaciones, pero que ahora no era más que un borracho desnudo. El presidente les miró ya recuperado del horror inicial a medida que pasaban los efectos del alcohol.

– ¿Está muerta? -Las palabras sonaron borrosas; los ojos parecían moverse en las órbitas como canicas sueltas.

– Sí, señor -respondió Collin. No se dejaba de contestar la pregunta de un presidente, borracho o no.

Burton se mantuvo apartado. Miró una vez más a la mujer y después al presidente. Para eso estaban, hacían su trabajo. Proteger al maldito presidente. Costara lo que costara, esa vida no debía acabar de esa manera. No clavado como un cerdo por una puta borracha.

La boca del presidente esbozó lo que pretendía ser una sonrisa, aunque ni Collin ni Burton lo recordarían así. El presidente comenzó a levantarse.

– ¿Dónde está mi ropa? -preguntó.

– Aquí, señor. -Burton volvió a la realidad; se agachó para recoger las prendas. Estaban muy manchadas, todo el cuarto parecía estarlo, con los sesos de ella.

– Bueno, ayúdenme a levantarme, y a vestirme, maldita sea. Tengo que ir a dar un discurso en alguna parte, ¿no es así? -Soltó una risa aguda. Burton miró a Collin y este a su compañero. Ambos contemplaron cómo el presidente se quedaba dormido en la cama.

En el momento que sonaron los disparos, Gloria Russell, jefa del gabinete, estaba en el baño del primer piso, lo más lejos posible de aquella habitación.

Había acompañado al presidente en muchas de estas aventuras, pero en lugar de acostumbrarse, le disgustaban cada vez más. Imaginar a su jefe, el hombre más poderoso sobre la faz de la tierra, en la cama con todas esas putas de la alta sociedad, las admiradoras de la política. No conseguía entenderlo, y casi había aprendido a no hacer caso. Casi.

Se subió las bragas, cogió el bolso, abrió la puerta, cruzó el vestíbulo y a pesar de los tacones altos subió los escalones de dos en dos. Cuando llegó a la puerta del dormitorio el agente Burton le cerró el paso.

– Señora, no querrá ver esto, no es agradable.

Ella le apartó, cruzó el umbral y se detuvo. Su primer pensamiento fue el de salir corriendo, bajar las escaleras, meterse en la limusina, salir de allí, salir del estado, salir de este horrible país. No sintió pena por Christy Sullivan, que quería que el presidente se la follara. Esa había sido su meta durante los últimos dos años. Bueno, algunas veces no siempre se consigue lo que se desea; algunas veces se consigue mucho más.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Poder Absoluto»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Poder Absoluto» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


David Baldacci - The Last Mile
David Baldacci
David Baldacci - Memory Man
David Baldacci
David Baldacci - The Finisher
David Baldacci
David Baldacci - The Sixth Man
David Baldacci
David Baldacci - The Forgotten
David Baldacci
David Baldacci - The Innocent
David Baldacci
David Baldacci - Zero Day
David Baldacci
David Baldacci - Hour Game
David Baldacci
David Baldacci - Divine Justice
David Baldacci
David Baldacci - A Cualquier Precio
David Baldacci
David Baldacci - Wygrana
David Baldacci
libcat.ru: книга без обложки
David Baldacci
Отзывы о книге «Poder Absoluto»

Обсуждение, отзывы о книге «Poder Absoluto» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x