John Case - Código Génesis
Здесь есть возможность читать онлайн «John Case - Código Génesis» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:Código Génesis
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:4 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 80
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
Código Génesis: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Código Génesis»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
Código Génesis — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Código Génesis», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
Marie bajó la mirada.
– No sé… Bueno… Supongo que las he gastado.
– ¿Haciendo el qué? -preguntó Lassiter.
– Practicando -explicó Marie. -En esta isla no hay demasiadas cosas que hacer. A veces, cuando me aburría, salía a practicar… -añadió al ver el gesto de incredulidad de Lassiter.
Él no podía creerlo.
– ¿Y ahora qué se supone que tengo que hacer yo? -exclamó. – ¿Pedirles que se pongan en fila india para poder darles a los tres con un solo disparo?
Era demasiado. Marie contrajo el ceño en una expresión de dolor. Al verla, Jesse corrió a consolarla.
Intentando protegerla, el niño abrazó las piernas de su madre con sus pequeños brazos.
– No llores, mami -dijo. -No llores.
Lassiter levantó los brazos.
– ¡Está bien! ¡Lo siento! -se disculpó. -De verdad, lo siento. Llévese a Jesse al viejo embarcadero. Yo iré ahora mismo.
Marie asintió y fue hacia la puerta con Jesse. De repente, se dio la vuelta.
– Pero… ¿qué va a hacer usted?
– No lo sé -contestó Lassiter. -Quizá me deshaga de ellos a pedradas.
Empujó a Jesse y a Marie hacia la puerta y observó cómo desaparecían entre los árboles. Después cargó el rifle con la única bala que tenía, salió al porche, se arrodilló, apoyó el rifle sobre la barandilla y cerró el ojo izquierdo. Fue moviendo el rifle lentamente, hasta que vio la lancha blanca.
La mira telescópica del rifle era magnífica. Della Torre estaba en la popa de la lancha, vestido con una sotana negra, haciendo caso omiso del viento y de la lluvia, como si de un Ulises clerical se tratara. La lancha estaba a unos doscientos metros de la costa y, aunque no era un blanco fácil, Lassiter sabía que no podía fallar. Respiró hondo y soltó el aire lentamente mientras apuntaba al pecho del sacerdote. Matar a Della Torre sería como dejar a una serpiente sin cabeza: el cuerpo podría sobrevivir por su cuenta, pero quedaría ciego, desorientado.
O puede que no.
Desplazó el cañón hacia la izquierda, hasta que encontró la cabeza del Armario. El italiano le estaba diciendo algo a Della Torre, absolutamente ajeno al hecho de que su vida pendía del movimiento de un dedo. Aunque la lancha se mecía sobre las olas, Lassiter tenía cogido el ritmo del movimiento y estaba seguro de poder acertar.
«Dispara -se dijo a sí mismo. – ¡Dispara! No quieres volver a vértelas con ese tipo. Ya ha intentado matarte dos veces. Disparó a Azetti a sangre fría y lo más probable es que también fuera él quien mató a Bepi.» Aunque era un buen argumento para disparar, Lassiter movió el rifle más a la izquierda, hasta encontrar la figura de Grimaldi.
El asesino de Kathy y de Brandon estaba sentado en la proa, mirando fijamente hacia la isla. Tenía un aspecto tan lúgubre como la lluvia. Ahora el barco ya estaba a cien metros de la costa y avanzaba directamente hacia el pequeño muelle situado a los pies de la casa. A pesar de la lluvia y el viento, Lassiter podía distinguir las facciones de Grimaldi con tal nitidez que incluso pudo ver que llevaba varios días sin afeitarse. «Dispara -se dijo a sí mismo. -Por el amor de Dios, dispara.»
Hazlo por Kathy y por Brandon.
Por Jesse y por Marie.
Por Jiri.
Hazlo por ti mismo.
«Si aprieto el gatillo -pensó Lassiter. -la bala le partirá el cráneo como una taladradora, le atravesará el cerebro y le abrirá un agujero del tamaño de un puño detrás de la cabeza.» Rozó el gatillo con el dedo.
«Pero no -pensó. -No es a mí a quien buscan. Ni siquiera saben que estoy aquí. Además, si encuentran la casa vacía… Quién sabe, incluso es posible que se marchen.»
No era un argumento demasiado convincente, pero Lassiter se aferró a él con la desesperación con la que alguien se agarra a su última esperanza. Y, además, realmente no tenía nada que perder por esconderse. No era como si tuviera un M-16 con un cargador completo; tenía un rifle con una sola bala. Sólo podría matar a uno de los tres hombres con el rifle y, después, lo más probable es que le tocara morir a él. Era mejor esperar.
Lassiter respiró hondo, bajó el rifle y se levantó. La lancha estaba a punto de llegar al muelle y sus tres ocupantes estaban de pie, ansiosos por saltar a tierra. Con mucho cuidado, Lassiter retrocedió, paso a paso, hasta que, al llegar a la parte trasera de la casa, se dio la vuelta y empezó a correr por el sendero del bosque por el que se habían ido Marie y Jesse.
El sol acababa de ponerse y el bosque estaba oscuro. Había una niebla tan espesa que parecía salir del suelo, y un reguero constante de gotas caía entre los árboles. Había parches de nieve junto a algunas rocas y la tierra cubierta de pinaza estaba salpicada por pequeños brotes verdes. El ambiente era húmedo y el aire estaba cargado con el fuerte olor de la resina.
Sin prestar atención a nada de ello, Lassiter avanzó sin hacer ruido. La capa de pinaza ahogaba sus pasos.
Al llegar, pensó que el embarcadero estaba demasiado cerca de la casa.
El sendero acababa al borde de un pequeño acantilado. Debajo había un viejo edificio medio derruido al borde del mar. La marea alta azotaba los cimientos de piedra. Veinte años antes, el edificio había servido de almacén invernal para media docena de embarcaciones. Pero, hoy en día, no era más que una ruina abandonada con el tejado medio caído y las ventanas rotas. Lassiter miró a su alrededor, buscando un sitio mejor para esconderse, pero sólo vio lluvia, mar y bosque.
Cruzó la rampa natural que descendía hasta el almacén, abrió la puerta y entró.
– Marie… -llamó.
El interior del almacén estaba completamente oscuro. De repente, una luz lo deslumbró.
– ¡Dios santo! -exclamó Lassiter con el corazón latiéndole a mil por hora.
– ¡Jesse! -dijo Marie. – ¡Apágala!
La luz desapareció tan repentinamente como había aparecido, y la oscuridad volvió a envolver a Lassiter. -Marie, ¿dónde está?
– Jesse sólo quería sujetar la linterna -se disculpó Marie.
– Está bien. No pasa nada.
Pero Lassiter sólo veía un gran círculo delante de los ojos. Lentamente, las formas empezaron a materializarse a su alrededor. Lassiter vio un remolque para transportar lanchas, un montón de trampas para langostas e infinidad de redes de pescar colgando de las paredes.
– ¿Estaremos a salvo aquí? -preguntó Marie. Estaba agachada en una esquina, abrazando a Jesse por la cintura.
– Sí -contestó Lassiter. -estaremos a salvo.
– ¿Seguro?
Para qué mentir.
– No -reconoció Lassiter. -No creo que lo estemos. El sendero viene directamente hasta aquí. Si ellos lo siguen… ¿No hay otro sitio donde podamos escondernos?
Marie reflexionó durante unos instantes y dijo:
– No.
– Tiene que haber algún otro sitio -insistió Lassiter.
– La isla es muy pequeña… Quizá piensen que nos hemos ido.
Lassiter movió la cabeza.
– La estufa todavía está caliente. Sabrán que estamos aquí. Aunque puede que no sepan que estoy yo.
La linterna se encendió y se apagó.
– ¡Jesse! -susurró Lassiter. -No hagas eso.
– Perdón -se disculpó el niño.
Lassiter se sentó debajo de una ventana rota que había junto a la puerta, con el rifle cogido entre los brazos. Pensaba en los tres hombres que había visto a través de la mira telescópica. «Tendría que haber matado a uno -pensó. -A Della Torre o a Grimaldi o al Armario.»
– ¿Qué podemos hacer? -preguntó Marie.
Lassiter movió la cabeza.
– No estoy seguro -dijo.
Los minutos transcurrían muy lentamente, pero, aun así, transcurrían. El viento, cada vez más fuerte, silbaba entre las vigas del techo. Lassiter pensó que a Della Torre no le iba a resultar fácil encontrarlos de noche; sobre todo, en una noche como ésa. Lo lógico sería que Della Torre regresara a la costa y volviera a intentarlo al día siguiente. Sí, eso sería lo más razonable, se dijo a sí mismo Lassiter. Después suspiró. ¿De qué servía engañarse a sí mismo?
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «Código Génesis»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Código Génesis» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «Código Génesis» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.