Luke corrió hasta su coche y sacó un botiquín del maletero mientras Susannah marcaba el número de emergencias y luego el del agente especial al mando, Chase Wharton. Los guantes de Luke le venían grandes y sus dedos tanteaban con torpeza las teclas.
Bailey se aferró al brazo de Luke cuando este empezó a vendarle el profundo corte que tenía en la cabeza, del que la sangre seguía manando abundantemente.
– ¿Alex?
Cuando Luke miró la carretera en la dirección que había tomado Daniel, los ojos de Bailey volvieron a llenarse de pánico.
– ¿Iba en el coche que acaba de pasar?
Él entornó los ojos.
– ¿Por qué?
– La matará; no tiene ningún motivo para no hacerlo. Las ha matado a todas. Las ha matado a todas.
«Las ha matado a todas.» A Susannah el corazón le dio un vuelco en el momento en que encontró el teléfono de Daniel entre los números que Luke tenía grabados en el móvil. Oyó sonar la señal de llamada mientras Luke trataba de que Bailey prosiguiera presionándole la barbilla.
– ¿Quién es? Bailey, escúcheme. ¿Quién le ha hecho esto? -Pero la mujer no dijo nada. Se limitó a mecerse de tal modo que daba verdadero pánico observarla-. Bailey, ¿quién le ha hecho esto?
Saltó el contestador de Daniel y Susannah dictó un escueto mensaje.
– Daniel, hemos encontrado a Bailey. Da media vuelta y llámanos. -Se volvió hacia Luke-. He pedido una ambulancia, y Chase dice que enviará al agente Haywood de refuerzo, pero Daniel no contesta.
Luke se puso en pie. Le temblaba un músculo de la mejilla.
– No puedo dejarla aquí. Corchran aún tardará unos diez minutos en llegar. Quédese a su lado -le ordenó-. Voy a pedirle que envíe a todos los hombres que sea capaz de reunir.
Susannah se arrodilló junto a Bailey y le acarició el enredado pelo con la mano enguantada.
– Bailey, me llamo Susannah. Por favor, díganos quién le ha hecho esto.
Bailey abrió los ojos como platos.
– Tienen a Alex.
– Daniel está con ella -la tranquilizó Susannah-. Él no permitirá que le hagan ningún daño. -De eso Susannah estaba segura, pensara lo que pensase de Daniel-. ¿La ha herido el señor Mansfield?
Su gesto de asentimiento apenas resultó perceptible.
– Y Toby Granville. -Sus labios dibujaron una mueca-. El supuesto doctor Granville.
Toby Granville. Él era quien faltaba por identificar del trío de supervivientes. Susannah se dispuso a levantarse para captar la atención de Luke, pero Bailey se aferró a su brazo.
– Hay una chica. Se ha caído por ahí. -Señaló con gesto débil-. Está herida. Ayúdenla, por favor.
Susannah se puso en pie y aguzó la vista ante el terraplén, pero no vio nada. Un momento. Divisó una ligera mancha junto a una hilera de árboles.
– Luke. Hay alguien ahí abajo.
Susannah le oyó gritar su nombre mientras descendía a trompicones por el terraplén con los zapatos de tacón alto y la falda estrecha. Vio que se trataba de una persona. Echó a correr. Era una chica. «Dios mío. Dios mío.»
La chica yacía inmóvil, como si estuviera muerta. Susannah se arrodilló y le presionó la garganta con los dedos en busca del pulso. Luego dio un suspiro de alivio. Estaba viva. Aunque muy débil, tenía pulso. Se trataba de una adolescente, bajita y tan delgada que sus brazos parecían palillos. Estaba empapada en sangre; tanto, que costaba adivinar dónde tenía las heridas.
Susannah se dispuso a ponerse en pie para pedirle a Luke que bajara, pero la chica levantó de golpe la mano ensangrentada y la agarró por el brazo. Sus ojos se abrieron como platos y en ellos Susannah captó miedo y un intenso dolor.
– ¿Quién… es usted? -preguntó la chica con voz entrecortada.
– Me llamo Susannah Vartanian. Estoy aquí para ayudarte. Por favor, no tengas miedo.
La chica se dejó caer, jadeando.
– Vartanian. Ha venido. -A Susannah el corazón le dio un vuelco. La chica la miraba como si fuera… como si fuera Dios-. Por fin ha venido.
Con mucho cuidado, Susannah tiró de la camiseta hecha jirones de la chica hasta que vio el agujero de bala. Presa de pánico, soltó la prenda. «Dios mío.» Había recibido un disparo en el costado. «Y ahora, ¿qué?»
«Piensa, Vartanian. Acuérdate de lo que hay que hacer.» Presión; tenía que aplicar presión a la herida. A toda prisa se quitó la chaqueta y luego la blusa, y se echó a temblar al notar el aire frío en la piel.
– ¿Cómo te llamas, cariño? -preguntó mientras actuaba, pero la chica no dijo nada; volvía a tener los ojos cerrados.
Susannah le levantó los párpados. No respondía, pero al menos seguía teniendo pulso. En un momento hizo un prieto ovillo con la blusa y lo aplicó sobre la herida ejerciendo una suave presión.
– ¡Luke!
Oyó los pasos tras de sí un segundo antes del abrupto reniego. Echó un vistazo por encima del hombro y abrió los ojos como platos al verlo con la pistola en la mano.
– Le he dicho que se quedara… ¡Madre santísima! -Pestañeó unos segundos ante el sujetador de encaje y enseguida fijó la mira da en la chica-. ¿Sabe quién es?
Ella bajó la vista a sus manos; seguía apretando el costado de la chica.
– No. Bailey me ha pedido que la ayudara mientras usted hablaba por teléfono. También me ha dicho que Granville y Mansfield eran quienes la tenían retenida.
– Granville -asintió-. El médico de la ciudad. Lo he conocido esta misma semana, en uno de los escenarios del crimen. Así que él es el tercer violador.
– Eso creo.
– ¿Ha dicho algo la chica?
Susannah hizo una mueca.
– Ha pronunciado mi apellido, y luego ha dicho: «Ha venido. Por fin ha venido.» Como si me estuviera esperando. -«Luego me ha mirado como si fuera Dios.» Eso le inquietaba-. Le han disparado y ha perdido mucha sangre. Déjeme su cinturón. Tengo que atarla con él para hacer presión en la herida.
Susannah oyó el sonido resbaladizo del cinturón al salirse de las trabillas.
– Póngase la chaqueta -dijo Luke-, y vuelva junto a Bailey.
– Pero…
Él se arrodilló sobre una pierna y la miró un instante a los ojos.
– Yo me encargaré de la chica. Es posible que quienquiera que le haya hecho esto aún ande cerca, y no quiero que Bailey esté sola. -Vaciló-. ¿Sabe manejar una pistola?
– Sí -respondió Susannah sin vacilar.
– Bien. -Extrajo una pistola de la funda del tobillo-. Ahora corra. Yo llevaré a la chica.
Susannah recogió la chaqueta y metió los brazos por las mangas.
– Luke, no es más que una niña, y morirá si no conseguimos ayuda pronto.
– Ya lo sé -dijo él con aire sombrío mientras rodeaba a la chica con el cinturón-. Corra. Yo la seguiré.
Dutton,
viernes, 2 de febrero, 15:45 horas
Luke estaba tirando de las correas de su chaleco Kevlar cuando dos coches de la policía de Arcadia se detuvieron delante de él. Un hombre se apeó y observó el panorama.
– Soy Corchran. ¿Dónde está Vartanian?
– Allí.
Susannah, arrodillada entre Bailey y la chica, levantó la cabeza. Su chaqueta, abotonada hasta el cuello, estaba empapada de sangre, igual que la falda. Los guantes de látex que Luke le había dado hacían parecer aún más pequeñas sus manos, que seguían presionando el costado herido de la chica.
– ¿Qué pasa con la puta ambulancia?
Corchran frunció el entrecejo.
– Está en camino. ¿Quién es usted?
– Es Susannah Vartanian, la hermana de Daniel -aclaró Luke-. Yo soy Papadopoulos.
– ¿Y dónde está Daniel Vartanian? -insistió Corchran.
Luke señaló con el dedo.
– Se ha marchado hacia allí y no contesta al móvil ni a la radio. Las cejas de Corchran se unieron en un gesto de evidente preocupación.
Читать дальше