—¿Estás aquí para obligarme a ir a la fiesta de la cuadra? —preguntó Danielle.
—No, para nada —dijo Chloe—. Estaba en mis pasantías hoy y fui a una escena del crimen que… bueno, me hizo recordar todo.
—Qué mal.
Hubo un momento de silencio incómodo entre ellas mientras Danielle preparaba el café. Chloe vio a su hermana moverse por la cocina, un poco espantada por lo poco que había cambiado. Sentía que estaba viendo a la misma chica de diecisiete años de edad que se había ido de casa con la esperanza de comenzar una banda, a pesar de los deseos sus abuelos. Se veía demasiado igual, hasta su expresión adormecida.
—¿Has oído algo sobre papá? —preguntó Chloe.
Danielle solo negó con la cabeza. —Supuse que tú te enterarías de algo debido a tu trabajo. Si es que hay algo de qué enterarse.
—Dejé de buscar hace un tiempo.
—Salud por eso —dijo Danielle, tapándose la boca ya que estaba bostezando.
—Te ves cansada —dijo Chloe.
—Lo estoy. Pero no es que tengo sueño. El médico me tenía tomando un estabilizador del ánimo. Me jode el sueño. Y cuando eres una barman que no suele llegar a casa hasta después de las tres de la mañana, lo último que necesitas es un medicamento que te jode el sueño.
—Dijiste que el médico te tenía tomando ese medicamento. ¿Ya no te lo estás tomando?
—No. Me estaba jodiendo el sueño, el apetito y mi libido. Desde que lo dejé de tomar, me siento mucho mejor… pero cansada todo el tiempo.
—¿Por qué te lo prescribieron en primer lugar? —preguntó Chloe.
—Para poder aguantar a mi hermana entrometida —dijo Danielle, medio en broma. Luego se tomó un momento para responder—. Estaba empezando a deprimirme. Y de la nada. Lidié con eso de mala forma. Bebía mucho. Tenía mucho sexo.
—Si era para tratar tu depresión, deberías volvértelo a tomar —dijo Chloe, dándose cuenta de que sí estaba siendo entrometida—. ¿Para qué necesitas tener libido? —añadió con una risita.
—La libido es bastante importante para nosotros los que no estamos a punto de casarnos. No podemos simplemente darnos la vuelta en la cama y echar un polvo cada vez que queramos.
—Nunca te ha costado encontrar chicos —señaló Chloe.
—Sí, eso es cierto —dijo Danielle, trayendo las tazas de café a la mesa—. Solo que es mucho trabajo. Sobre todo últimamente. Este nuevo chico… bueno, va en serio. Decidimos tomar las cosas con calma…
—Esa es la única razón por la que me voy a casar con Steven, sabes —dijo Chloe, tratando de mantener las cosas ligeras—. Me cansé de tener que salir a buscar personas con quienes tener relaciones sexuales.
Ambas se rieron luego de ese comentario. Debió haberse sentido natural reír y sonreír juntas de nuevo, pero en vez se sintió un poco forzado.
—Entonces, ¿por qué estás aquí, hermana? —preguntó Danielle—. No sueles venir a visitarme. No que yo sepa, ya que no hemos tenido esa oportunidad en casi dos años.
Chloe asintió, recordando la única ocasión en la que habían pasado tiempo juntas en los últimos años. Danielle había estado en Filadelfia para asistir a un concierto y se había quedado a dormir en su apartamento. Habían hablado, pero no mucho. Danielle había estado muy borracha. Habían hablado de su madre y también de su padre. Esa fue la única vez que Chloe había oído a Danielle decir que quería ir a visitarlo.
—La escena de esta mañana —dijo Chloe—. Me hizo recordar esa mañana afuera del apartamento. Me quedé pensando en la sangre al final de las escaleras y eso me afectó mucho. Estuve a punto de vomitar. Y yo no soy ese tipo de persona, ¿me entiendes? La escena en sí no fue tan grotesca como otras que he visto. Simplemente me afectó demasiado. Me hizo pensar en ti y simplemente sentí que tenía que verte. ¿Eso tiene sentido?
—Sí. Estoy bastante segura de que estaba deprimida porque estaba teniendo muchas pesadillas con mamá y papá. Cada vez que tenía una pesadilla, pasaba días mal. No quería ni levantarme de la cama porque no confiaba en nadie.
—Bueno, justo te iba a preguntar qué hacías para lidiar con tus pensamientos sobre lo que pasó, pero supongo que ya me diste la respuesta.
Danielle asintió con la cabeza y apartó la mirada. —Medicamentos.
—¿Estás bien?
Danielle se encogió de hombros y luego le respondió con desdén: —Llevamos apenas diez minutos juntas y ya estás hablando del tema. Dios mío, Chloe… ¿No has aprendido a vivir tu vida sin sacar esa mierda a relucir? Si mal no recuerdo, cuando me llamaste para decirme que te ibas a mudar a Pinecrest, decidimos que no hablaríamos de eso. Agua pasada, ¿recuerdas?
Esto sorprendió a Chloe. Acababa de presenciar a Danielle pasar de seca y sarcástica a completamente furiosa en un abrir y cerrar de ojos. Sí, el tema de sus padres era un tema delicado, pero la reacción de Danielle le pareció muy bipolar.
—¿Desde hace cuánto tiempo no te tomas el medicamento? —preguntó Chloe.
—Vete a la mierda.
—¿Desde hace cuánto tiempo?
—Tres semanas aproximadamente. ¿Por qué?
—Porque solo llevo quince minutos aquí y se nota que lo necesitas.
—Gracias, doctora.
—¿Podrías tomártelo otra vez, por favor? Te quiero en mi boda. Dama de honor, ¿recuerdas? Aunque te parezca muy egoísta, quiero que disfrutes de mi boda. Así que, ¿podrías tomártelo, por favor?
Danielle reaccionó al oír las palabras dama de honor. Suspiró y luego relajó su postura. Fue capaz de mirar a Chloe otra vez y, aunque aún estaba enojada, se veía más tranquila.
—Está bien —dijo.
Se levantó de la mesa y caminó hacia a una pequeña cesta de mimbre decorativa en el mostrador de la cocina. De la cesta, sacó un frasco de medicina. Luego lo abrió y se tomó una píldora con su café.
—Gracias. —Después de una pausa, decidió seguir presionando—. ¿Y cómo va todo lo demás?
Danielle lo pensó por un momento y Chloe la pilló mirando la puerta de su apartamento. Fue muy breve, pero Chloe vio miedo en sus ojos.
—Todo lo demás está bien.
Chloe conocía a su hermana lo suficientemente bien como para no seguir presionando.
—Entonces, ¿qué diablos es una fiesta de la cuadra? —preguntó Danielle.
Chloe se echó a reír. Casi había olvidado la capacidad de Danielle de dejar un tema y empezar otro enseguida. Chloe observó a su hermana para ver si se quedaba mirando la puerta con miedo en sus ojos otra vez, pero no volvió a pasar.
Aun así, Chloe sintió que algo le pasaba. Tal vez después de un tiempo juntas, Danielle se lo contaría.
«Pero ¿para qué?», se preguntó Chloe, echándole una mirada a la puerta principal.
Y en ese momento cayó en cuenta de que no conocía a su hermana en absoluto. Había partes de ella que parecían muy iguales a la chica de diecisiete años de edad que había conocido tan bien. Pero Danielle era diferente ahora… era más oscura. Ahora necesitaba un medicamento para controlar sus estados de ánimo, para ayudarla a dormir y funcionar.
Se le ocurrió a Chloe en ese momento que sentía miedo por su hermana y que quería ayudarla de cualquier forma posible.
Incluso si eso significa regresar al pasado.
Pero no ahora. Tal vez después de la boda. Solo Dios sabía qué tipo de peleas y cambios de humor generarían el hablar de la muerte de su madre y el encarcelamiento de su padre. Aun así, Chloe sintió que los fantasmas de su pasado estaban más presentes que nunca mientras estaba sentada allí con Danielle y eso la hizo preguntarse qué tanto había atormentado todo eso a Danielle.
¿Qué tipo de fantasmas acechaban la mente de Danielle? ¿Y qué, exactamente, le decían?
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