Esta vez, no podía aceptarlo. No se lo permitiría. Ella había arruinado sus relaciones demasiadas veces, y esta vez era ya más que demasiado. Caitlin le importaba más que cualquiera -sea vampiro o humano- con quien hubiera estado antes. Y Sera, como una polilla a una llama, debió percibirlo. Esto debió ser lo que la sacó de la clandestinidad y la impulsó a localizarlo.
Ella tenía una excusa -siempre tenía una excusa. Ese era el problema con ella: nunca se la podía culpar un cien por ciento porque siempre se presentaba con algún mensaje urgente que siempre tenía algo de legitimidad. En este caso, por supuesto, su cofradía estaba a punto de ser atacada. Kyle, ella había dicho, había regresado a la ciudad de Nueva York, con la espada, y era solo cuestión de días para que iniciara una guerra abierta de vampiros. Llegó con un mensaje de su cofradía: querían que él volviese. Ellos perdonarían sus antiguas transgresiones. Necesitaban todos los soldados con que podían contar en estos tiempos de guerra y Caleb era uno de los mejores.
Entonces, por un lado, no podía molestarse tanto con ella como hubiera querido - lo que hacía la situación aún más desesperante. Por el otro, sospechaba que ella había estado esperando una situación como ésta para tener una excusa para inmiscuirse nuevamente en su vida. Aun así, no tenía ningún derecho para dejar en Caitlin la impresión de que todavía estaban juntos.
En la terraza del castillo, donde aun permanecían, Caleb estalló con el rostro encendido.
"Sera", espetó. "¿Por qué tuviste que decir eso? ¿Por qué usaste esas palabras? ¡No hay nada entre nosotros! Y, como bien tú sabes, no hay nada que no le haya dicho a Caitlin. Viniste para entregar un mensaje de nuestra cofradía. Eso es todo. Le diste la impresión de que le escondía algún secreto, que tú y yo todavía estamos juntos."
Su ira no la disuadió. En todo caso, ella parecía disfrutarlo. Había conseguido desordenar sus plumas y parecía que eso era exactamente lo que había buscado.
Ella sonrió lentamente, dio un paso hacia él, puso una mano sobre su hombro.
"¿Pero no lo estamos?" preguntó ella seductoramente. "En el fondo tú sabes que todavía lo estamos. Esa es precisamente la razón porque te molesta tanto. Si no sintieras algo por mí, no te importaría de ninguna manera."
Caleb quitó la mano de Sera de su hombro.
"Sabes que eso es un completo disparate. No hemos estado juntos desde hace cientos de años. Y nunca volveremos a estarlo. No sé cuántas veces necesito decírtelo," dijo Caleb exasperado. "Necesito que te quedes fuera de mi vida. Necesito que te alejes de mí. Y sobre todo de Caitlin. Te advierto: debes mantenerte alejada de ella."
En un abrir y cerrar de ojos, el rostro de Sera se llenó de ira.
"Esa niña patética", le espetó. "El que ahora sea una de nosotros, no la coloca en una posición superior. Ella no tiene nada en mi contra. No entiendo cómo puedes estar de su lado. Por no mencionar de que nuestra cofradía nunca sancionó que la convirtieras", dijo Sera, dando a Caleb una mirada oscura.
Caleb sabía qué significaba eso. Era una amenaza. Ella le estaba advirtiendo que había violado la ley. Podría ser castigado severamente por ello - y ella lo estaba amenazando con decírselo a los demás.
"Tus amenazas no me asustan," dijo Caleb oscuramente. "Puedes decirles a todos lo que quieras. Yo mismo voy a enfrentar lo que ellos quieran decirme."
"Me das asco" Sera espetó." Aquí estamos en guerra, toda nuestra cofradía, nuestra familia están en riesgo. Y tú, ¿qué estás haciendo? Estás escondido aquí, en una isla esperando que una niña patética se recupere. Deberías estar en casa, defendiendo a tu gente como el verdadero hombre que solías ser-"
"Mi cofradía me expulsó", espetó Caleb", después de cientos de años de leal servicio. No les debo nada. Están viviendo ahora exactamente lo que se merecen."
Caleb exhaló.
"Sin embargo, ellos sí me importan y, considerando la situación, no voy a defraudarlos. Te dije que voy a volver, cuando sea el momento adecuado."
"Dijiste que volverías cuando ella se hubiera recuperado. Es evidente que ya está bien. No tienes ninguna excusa. ¡Debes volver ahora!"
"Voy a cumplir con mi palabra, como siempre lo he hecho. Pero voy a ser muy claro en este punto: sólo regreso para ayudar a salvar nuestra cofradía y a los humanos que podrían ser sacrificados, y para recuperar la Espada. No abrigues ninguna falsa ilusión de que es por cualquier otra razón. Tan pronto como cumpla mi misión, me iré de nuevo, esta vez para siempre y será la última vez que veas mi cara. No abrigues ninguna fantasía que estamos juntos de nuevo. Porque no lo estamos."
"Oh, Caleb," dijo, con una risita oscura, "puedes creer lo que quieras, pero tú sabes en el fondo que tú y yo hemos estado juntos por siempre, y que siempre vamos a estarlo. Cuanto más luches, más cerca estarás de mí. Sé lo mucho que me amas . Puedo sentirlo, todos los días."
"Te estás engañando", dijo Caleb. "Estás cada vez peor."
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